miércoles, 9 de septiembre de 2009

Hoy te respondí...




... quiero quedarme contigo para siempre.

Tu vida me entusiasmó y me entusiasma cada día...
Tus ideales y proyectos me llenan la VIDA...

Siento una gran alegría por ser uno de tus
SALESIANOS!!!

Hoy te pedí fuerzas para no aflojarle, cuando las cosas no son como yo
pensaba que eran... A vos te pasó que hasta los más cercanos llegaron a
abandonarte...

Hoy te pude expresar desde ló más hondo de mi ser todo lo que te debo, todo
lo que te debemos: GRACIAS DON BOSCO!!!

Hoy te pedí... que sigas invitando a otros... a
QUEDARSE CONTIGO PARA SIEMPRE como SALESIANOS.

Hoy frente a tus reliquias expresé mi consagración.

Quiero compartir esta emoción con los demás..

Gracias.


hno. FEDERICO REYES

martes, 11 de agosto de 2009

Fuimos llamados...a la única vocación salesiana como hermanos coadjutores




Entre los muchos jóvenes que eligieron quedarse con Don Bosco hubo algunos que eligieron ser sacerdotes y otros que quisieron quedarse en el oratorio como hermanos, como compañeros, como amigos. Quisieron ser hermanos salesianos o como Don Bosco los llamó: coadjutores.
Fuimos llamados por Dios a seguir de cerca a Don Bosco en la única vocación salesiana como hermanos coadjutores. Participamos de la experiencia oratoriana en múltiples actividades pero nos definimos como religiosos consagrados a Dios para estar con los jóvenes educando y evangelizando de manera integral.

Somos parte de una historia vocacional iniciada por hombres de trabajo y deseosos de consagrar completamente su vida a Dios estando al lado de Don Bosco como José Buzzetti . Nuestra primera misión es estar con los jóvenes mas pobres de manera activa, transmitiendo el amor que Dios tiene por ellos y ocupándonos enteramente de sus vidas.

Nuestra identidad de religiosos se completa, integra y plenifica viviendo y trabajando junto a los salesianos sacerdotes en comunidad carismática de espíritu y acción. Nuestro aporte específico lo damos en comunión con nuestros hermanos sacerdotes viviendo cercanos y comprometidos en la misión apostólica cuyos destinatarios son sin dudas los jóvenes más pobres.

Desde los inicios de la magnifica experiencia de Don Bosco en el oratorio con los muchachos, varios de ellos quisieron quedarse. Atrapado por la especial personalidad del santo, el agradecimiento y la energía que irradiaba el ambiente fue José Buzzetti quien inició el camino de la especial consagración. Su búsqueda original de quedarse con Don Bosco y generosa entrega al Señor lo convencieron de que nunca debía irse del oratorio. Finalmente hizo sus votos como salesiano coadjutor en 1877 a los 45 años de edad. Sin embargo sus búsquedas fueron mucho antes, pues había tomado la sotana junto a Carlos Gastini, Santiago Bellía y Felix Reviglio el 2 de febrero de 1851.
Un accidente lo imposibilitó y 26 años después toma la decisión de unirse a la Congregación como Salesiano Coadjutor.

Somos poseedores de una rica tradición de hermanos coadjutores dedicados, como se entendía en otro tiempo al solo mundo del trabajo como apóstoles de Cristo y consagrados, ofreciendo la riqueza de la consagración mas la especialización laboral o científica. La ubicación de la identidad quizás muy relacionada al principio solo con los jóvenes destinatarios que en otros tiempos provenían de los ámbitos de subempleo, o informalidad laboral en la construcción y en las fábricas de un mundo industrial cada vez más fuerte.

Quizás los ámbitos de desarrollo del Hermano Coadjutor se han ampliado teniendo en cuenta el gran abanico de apostolados ejercidos por Don Bosco y por el transito histórico de la congregación salesiana hasta nuestros días.
El hermano coadjutor no es un colaborador útil en la Sociedad Salesiana. No colaboramos, somos parte protagónica, genuina y constituyente de la historia, la misión y la identidad de la congregación. No somos un brazo, ni una mano ágil, ni una rama de la Congregación Salesiana. Somos junto a nuestros hermanos sacerdotes la Congregación Salesiana fundada por Don Bosco y los primeros salesianos.

En muchos aspectos la situación vocacional de los hermanos coadjutores tiene en su haber ciertas construcciones de relato históricas que hacen de la vocación una decisión no siempre cualificada y ponderada. En el caso de José Buzzetti la situación vocacional se desarrolla de la siguiente manera: Viste la sotana en 1851 pero a causa de la perdida del dedo índice en un atentado debe renunciar al llamado sacerdotal y profesará como salesiano coadjutor en el ´77 a los 45 años. También el caso de Don Artémides Zatti ilustra la búsqueda de la vida sacerdotal que ve truncada por una enfermedad pulmonar que mas tarde lo lleva a quedarse en la congregación como Coadjutor.
También se puede contar una historia marcadamente discriminatoria y de postergaciones fruto de una Iglesia clericalista y que sumieron a la vocación del hermano coadjutor en una posición secundaria.

Hoy por hoy se observa aún en algunas presentaciones de comunidades la enumeración de hermanos poniendo en primer lugar los sacerdotes y clérigos y luego los hermanos coadjutores.

En la actualidad no se puede pensar un Salesiano Coadjutor ajeno, desligado del oratorio. La vida del Oratorio y la cercanía a los jóvenes es lo que nutre nuestra vocación. Poblada nuestra vida de espiritualidad y de relación continua con el Señor Jesús es indispensable compartir y saborear junto a los jóvenes la sobrenatural relación que se da en el patio junto a los destinatarios prioritarios de la misión que Dios encomendó a Don Bosco y que hoy sigue viva en nosotros.

El modelo del salesiano coadjutor como trastienda de la vida oratoriana, como secundario en todas las actividades, como ayudante o alternativo en la vida pastoral hoy ya no tiene cabida ni espacio. No se concibe una vocación salesiana que supone un misterio a develar. La presencia salesiana es activa y no escondida. Es estimulante y no de incógnita. Es de contacto y no de subsuelo. El salesiano coadjutor hoy es protagonista del oratorio, no esconde la riqueza de su vocación con falsas humildades que esconden resentimientos y fracasos. La riqueza de nuestra vocación está para ser vista, para mostrarla…(Mt. 5, 14-16)

La herencia de la riqueza vocacional tiene 150 años y no se limita a una forma de hacer o a un ámbito. Las múltiples posibilidades que ofrece nuestra vocación no se limitan a un patrón de conducta o a una especialidad sino que está abierta a todas las dimensiones humanas que un salesiano con votos pero ciudadano libre, un religioso para la Iglesia y un hombre poseedor de derechos y obligaciones para la sociedad civil.

Hno. German Diaz

Los salesianos coadjutores en el inicio de la Congregación salesiana


Don Bosco al inicio de su obra y para mantener en el tiempo la atención y servicio de los oratorios, fue convocando a una multiplicidad de personas para formar una sociedad religiosa. En un primer momento su intención fue crear una única congregación con salesianos internos y externos. El criterio de la Iglesia en ese momento fue determinante y Don Bosco ante la negativa decidió fundar dos sociedades una de Salesianos Consagrados internos y otra de externos. La primera sociedad de internos comúnmente llamados salesianos fue iniciada con sus mismos jóvenes del Oratorio. Para algunos la experiencia significaba principalmente vivir con Don Bosco y por él encontrar a Dios. La mayoría de los que se sumaron a su congregación-sociedad fueron años antes, unos chiquillos que jugaban y disfrutaban junto a él. Ya de grandes sentían que no podían elegir otro camino que estar cerca de su padre, no podían abandonarlo. Así nació la Congregación Salesiana: el proyecto consistía en mantener vivo el espíritu del oratorio y continuar la obra de ayudar a la juventud más pobre y abandonada.
Los primeros discípulos de la nueva congregación no son buscados afuera sino en el interior, en el corazón del oratorio. Aquellos muchachitos que habían tenido la experiencia de ser amados por Don Bosco ya estaban dispuestos a seguir transfiriendo todo lo bueno que recibieron de su padre espiritual. Entre los muchos jóvenes que eligieron quedarse con Don Bosco hubo algunos que eligieron ser sacerdotes y otros que quisieron quedarse en el oratorio como hermanos… como compañeros, como amigos. Quisieron ser hermanos salesianos o como Don Bosco los llamó: coadjutores.
El 18 de diciembre de 1859 Don Bosco funda junto a diecisiete clérigos y un sacerdote la Sociedad Salesiana para promover y conservar el espíritu de caridad exigido por la obra de los oratorios para la juventud abandonada y en peligro. Allí mismo se conformó el primer Consejo General que casi dos meses después admitió por primera vez con todos los votos a favor a un salesiano coadjutor, José Rossi de 24 años el día 2 de febrero de 1860. Formado y preparado exclusivamente por Don Bosco en 1869 lo nombra el Consejo Superior: Proveedor General de la Pía Sociedad para asuntos materiales. Su nombre completo era José de Mateo Rossi, oriundo de Mezzanabigli . “El coadjutor José Rossi fue una verdadera creación oratoriana de Don Bosco. Llegó a Valdocco el 29 de octubre de 1859, a pocos días de la fundación de la Congregación. Don Bosco lo preparó como administrador y como tal fue consultor de dos capítulos Generales. Del primero, de Lanzo, en 1877, y del cuarto celebrado en Valsálice en 1886”
Junto a José Rossi convivían otros jóvenes laicos que comenzaban a cuestionarse su inclusión en la Congregación como consagrados para trabajar por el oratorio y con los jóvenes. “La primera vez que en la Sociedad Salesiana fueron emitidos votos religiosos oficiales fue el 14 de mayo de 1862 donde además de clérigos y sacerdotes hubo dos coadjutores representantes de dos grupos de distinta cultura y lugar: el Caballero Federico Oreglia de San Esteban y José Gaia” Este último, José Gaia aparece como si hubiera asistido al primer acto de fundación de la Congregación “en un verbal manuscrito perteneciente a Julio Barberis” . Aunque debemos dar crédito al acta oficial que describe como 19 los miembros fundadores de la Congregación Salesiana aquel domingo 18 de diciembre de 1859 por la noche. De todas maneras se presume que la presencia de José Gaia por lo menos fue cercana en los orígenes del proyecto congregacional de Don Bosco. José Gaia tenía por ese entonces 35 años y fue uno de los fundadores de ese primer grupo de varones que aspiraban consagrarse a Dios con vestimenta civil y trabajar para Don Bosco a sostener ese progresivo oratorio que cada vez crecía más en número, en talleres, en oficios, en escuelas y en la vida espiritual y la catequesis.
La historia de los primeros hermanos coadjutores no empieza sin embargo solo con la afirmación escrita, o las admisiones oficiales. Ya en los primeros tiempos del Oratorio de Valdocco, un nutrido grupo de jóvenes colaboraba con el santo. “Muchos a los que se les había trabajado bastante sin resultado alguno mejoraron notablemente su vida –en el oratorio- . Algunos siguieron la vocación religiosa, otros, como laicos, fueron asiduos en su asistencia al Oratorio. En otra nota a pie de pagina don Bosco menciona algunos nombres: …José Buzzetti” –entre ellos- Tal es así que la presencia de José Buzzetti tiene mas historia que la que acabamos de contar, pues ya se encuentra este vistiendo la sotana en el ´51 a los 20 años pero por motivos de salud, abandonó la carrera clerical aunque continuo al lado de Don Bosco y recién en 1877 formalizó su deseo de quedarse en la congregación profesando a los 45 años como hermano coadjutor. “Buzzetti era el “Cireneo” de la casa, siempre dispuesto a portar la cruz. Cuando Don Bosco no sabía a quien confiar una empresa difícil, entonces pensaba en Buzzetti” Era un preferido de Don Bosco, fue uno de los primeros muchachos del oratorio. Permaneció junto al santo desde diciembre de 1841 hasta su muerte. “En 1852 salvó la vida a Don Bosco. Fue su brazo derecho en mil circunstancias; el primer coadjutor –de hecho- y el testigo fiel de toda la epopeya de Don Bosco”
Además de los hermanos nombrados la presencia de Pedro Enría no debe quedar en segundo plano, otro intimo y predilecto de Don Bosco. Era Pedrito Enría aquel muchachito que tuvo el providencial encuentro con Don Bosco y que Enzo Bianco lo cuenta así: “Don Bosco lo lleva al oratorio de Valdocco (a Pedro) en el 1854, año del cólera, cuando la epidemia lo había dejado huérfano de madre. –Tu quieres venir conmigo? –le dice Don Bosco a Pedro Enría- Seremos siempre amigos, hasta podemos ir juntos al paraíso, estás contento?-“ Con semejante invitación ese adolescente solo y desamparado, junto a su hermanito sentiría la mano de Dios. Grandiosa actitud de Don Bosco, se ganó para siempre el corazón de Pedro que lo acompañó hasta su muerte. Para Pedro Enría atender a Don Bosco en los días de su agonía significó un orgullo y se sentía privilegiado de atender aún en los servicios mas repugnantes a su querido Papá Don Bosco. Luego de la muerte del santo, la vida de Pedro ya no fue la misma, vivió como en un continuo luto y se reencontró con Don Bosco en el Paraíso el 21 de junio de 1897 con 57 años de edad.
Otro Hermano coadjutor de los inicios fue Andrés Pelazza, original de Carmagnola que fue admitido por el Capítulo Superior en la Sociedad Salesiana el 8 de mayo de 1863. Este coadjutor fue formado enteramente por Don Bosco, hombre de confianza, trabajador, talentoso y de un carácter dulce digno de un salesiano. Fue encargado de la tipografía durante 36 años y su santa paciencia para esta empresa difícil y ardua lo rodeo de amigos y beneficios para el Oratorio.
En Pedro, J. Rossi, J. Buzzetti, Gaia, Pelazza y otros tantos se vislumbraba la “presencia de auténticos colaboradores de Don Bosco en la máxima expresión del término: asistencia a los jóvenes, presencia educativa, trabajo material, dirección y responsabilidad vastísima en el campo de la dirección de talleres y de la actividad económica, administración, catequesis en el oratorio festivo, maestros de matemáticas y técnica, trabajos varios, enfermería y sacristía”
Don Bosco en la práctica no pensó en una congregación clerical. Su mentalidad era unir fuerzas en bien de los jóvenes. Así pensó un lugar para cada uno. Los salesianos internos y los externos fueron su magistral idea que no siendo aceptada tuvo que separar en Salesianos consagrados y Cooperadores salesianos. Entre los consagrados ya existían de manera incipiente varias vocaciones de hermanos coadjutores. Nombramos algunos que figuran en la documentación, pero el salesiano de traje civil en medio de los jóvenes era un ideal de Don Bosco que se concretó en la definida figura del Hermano coadjutor. Hubiera sido excelente la audacia de los religiosos de estar “en mangas de camisa” entre los muchachos pero la situación eclesial y la reglamentación para los clérigos no hizo posible este deseo de Don Bosco. Pero este modo de estar en lugares poco frecuentes para los religiosos se hizo realidad en la presencia de sublimes coadjutores. En esta vocación, Don Bosco puso gran parte de su corazón y plenamente su visión adelantada a los tiempos.
El clima anticlerical que reinaba en Turín y en gran parte de Italia en ese momento histórico (segunda mitad del siglo XIX) hacía también necesaria la presencia de hombres, ciudadanos, libres y trabajadores que de gran confianza para Don Bosco por ser sus religiosos, estén presentes en sus mas temerarias empresas. Las responsabilidades que cumplieron los hermanos en los inicios de la congregación fueron para Don Bosco un alivio a sus preocupaciones. Sabía el santo que contaba entre sus filas a un grupo de religiosos capacitados para el trabajo, la administración, la educación, la catequesis y todo nuevo emprendimiento que requiera su participación. Así Don Bosco respondió junto a sus salesianos al programa integral de la obra del oratorio a favor de los jóvenes más pobres.
Creo que el Papa Pío IX había intuido con un lucido conocimiento de los tiempos que corrían, cual era el modelo de religioso que la Iglesia necesitaba. En esa intuición la figura e identidad del hermano Coadjutor cabía con total prestancia. Las siguientes fueron las pautas dadas por Pio IX a Don Bosco en 1858 para la fundación de la congregación: “Debía pensarse en un instituto de votos simples que diera estabilidad a las relaciones entre socios y superiores; en un modo de vestir y de rezar que no diferenciase a sus miembros de la gente de su medio social; en unas Reglas sencillas y de fácil observancia; en estudiar la manera que permitiera a cada miembro ser un verdadero religioso ante la Iglesia y un libre ciudadano en la sociedad civil. Por todo esto, sería mejor llamarla Sociedad y no orden o congregación religiosa” Estas reglas que están en los albores de nuestra Congregación delinean el estilo de religioso que de manera natural describen al hermano coadjutor.
Para esos muchachos del Oratorio de Don Bosco en 1850 en adelante, el modelo clerical no representaba muchas veces un estilo de vida a asumir, no estaba dentro de sus aspiraciones ser sacerdote. Eran campesinos y muchos de ellos querían quedarse con Don Bosco, pero no vistiendo sotana sino atraídos por la presencia edificante de esos hombres religiosos, jefes de taller, ocupados en responsabilidades importantes, estudiantes de universidad, profesores, catequistas y sobre todo cercanos a ellos. Era muy atrayente ese religioso de overol o de traje civil. El hermano coadjutor era un jefe, un superior, un encargado de las más delicadas empresas de Don Bosco pero a la vez era un hombre humilde, agradable y cercano. Ese pequeño ejercito de Don Bosco, tomado de su propio oratorio de pobres y campesinos, que luego fue responsable, industrioso y capacitado para el nuevo mundo eran sus coadjutores, su primera semblanza completa de un religioso entregado para el bien de los jóvenes. Ese era el nuevo perfil de una congregación religiosa, escándalo para algunos, visionaria para otros. Es así como para algunas miradas maliciosas, la idea de Don Bosco de fundar una congregación no tenía asidero. “Había representantes del clero y del episcopado que dudaban de la validez del “reclutamiento vocacional” de entre la gente de origen popular y agrario. Les parecía que sus costumbres no iban a cambiar y que su natural rudeza iba en desprestigio del clero” La idea de Don Bosco era la del consagrado sin “habito”, sin muchos honores, que esté en medio de los muchachos, en “mangas de camisa”. Ser en realidad esos religiosos que vivan en el mundo sin ser del mundo.
Esa nueva identidad religiosa se sumaba a la trascendente fila de salesianos sacerdotes de prolija formación, cultivados en las ciencias teológicas y humanas y sedientos de pastoreo entre los jóvenes. El hermano Coadjutor se asocia de esta manera en la empresa de Don Bosco y junto a los sacerdotes componen un nuevo estilo de Congregación a favor de los jóvenes mas necesitados. El salesiano coadjutor es entonces “un asociado a la Congregación Salesiana como miembro efectivo, significativo y particular por su laicidad, que integra el carisma en la única vocación salesiana con sus hermanos sacerdotes, para trabajar con el espíritu de Don Bosco en la educación, la instrucción y la formación de los jóvenes, especialmente los mas pobres y abandonados”
El nacimiento de la identidad del hermano Coadjutor tiene su origen en el oratorio de Don Bosco. No se puede de ninguna manera desvincular los orígenes de la identidad del coadjutor de la vida cotidiana del Oratorio, de la experiencia integral de Valdocco. En la actualidad no se puede pensar un Salesiano Coadjutor ajeno, desligado del oratorio, entendido en sentido amplio. La vida del Oratorio y la cercanía a los jóvenes es lo que nutre esta vocación. Poblada la vida de espiritualidad y de relación continua con el Señor Jesús es indispensable compartir y saborear junto a los jóvenes la sobrenatural relación que se da en el patio junto a los destinatarios prioritarios de la misión que Dios encomendó a Don Bosco y que hoy sigue viva.
Aunque siempre uno puede quedar con la sensación de que la enumeración de características pueden ser insuficientes sin embargo una pequeña lista puede apuntar el inicio de muchas otras descripciones. Según Guido Favini las características de la vocación del Salesiano Coadjutor pueden resumirse de la siguiente manera:1) El salesiano coadjutor es un religioso…que vive ejemplarmente el empeño de la profesión religiosa salesiana. Transparenta la virtud propia de su vocación en leal coherencia a las Constituciones salesianas con fervor espiritual. 2) El salesiano coadjutor es un trabajador que se consagra a la misión de la redención y santificación del trabajo según la Doctrina Social de la Iglesia Católica y con el espíritu de San Juan Bosco.3) El salesiano coadjutor es en las variadas misiones que pueda encarar dentro de la comunidad: administrativas, económicas; es el hombre de confianza y fidelidad de la casa salesiana. 4) El salesiano coadjutor en cualquier función, en cualquier profesión u oficio es siempre apóstol con la pasión por la gloria de Dios y la salvación de los jóvenes, según la consigna: “Da mihi animas coetera tolle”.
El modelo del salesiano coadjutor como trastienda de la vida oratoriana, como secundario en todas las actividades, como ayudante o alternativo en la vida pastoral hoy ya no tiene cabida ni espacio. No se concibe una vocación de hermano coadjutor que supone un misterio a develar. La presencia salesiana es activa y no escondida. Es estimulante y no de incógnita. Es de contacto y no de subsuelo. El salesiano coadjutor hoy es protagonista del oratorio, no esconde la riqueza de su vocación con falsas humildades que esconden resentimientos y fracasos. La riqueza de esta vocación existe para ser vista, para mostrarla…(Mt. 5, 14-16) La vida de muchos coadjutores devela la fuerza irradiante del hecho histórico fundacional y su revelación posibilita entender mas a Don Bosco y el alcance magnifico de la obra de Dios a través de la Congregación salesiana.
La herencia de la riqueza vocacional tiene 150 años y no se limita a una forma de hacer o a un ámbito. Las múltiples posibilidades que ofrece vocación del salesiano coadjutor no se limitan a un patrón de conducta o a una especialidad sino que está abierta a todas las dimensiones humanas que de salesiano con votos pero ciudadano libre, un religioso para la Iglesia y un hombre poseedor de derechos y obligaciones para la sociedad civil. La versatilidad de los muchos ejemplos de salesianos coadjutores a lo largo de la historia de la Congregación pinta un panorama maravilloso, una propuesta de vida para los jóvenes, un camino para seguir haciendo realidad la pasión de Don Bosco: salvar a la juventud pobre y en peligro.

Hno. German Diaz
germansdb@hotmail.com
26-06-09

NOTAS SOBRE LA ESPIRITUALIDAD DEL BEATO ARTÉMIDES ZATTI




Al hablar de la espiritualidad de una persona, no se puede partir de esquemas prefabricados ni de definiciones. La verdadera espiritualidad corresponde a una opción fundamental de cara a lo real y a la historia, opción capaz de dar sentido definitivo a la propia existencia. Es colocarse, con la ayuda de Dios, en la esfera del Espíritu para recibir respuestas que no siempre coinciden con las nuestras. Es ponerse a la escucha de Dios (ob-audire) para percibir, inspirados en el Evangelio y en los signos de los tiempos, por dónde pasa su voluntad. Es meterse en un camino cuyo origen y polo de atracción es Dios. Es animarse a experimentar a Dios en la vida y asumir en su nombre un compromiso en el mundo. La espiritualidad de una persona se lee en su biografía.
Leyendo la vida de Don Zatti descubrimos en él a un hombre apasionado por Cristo y por la humanidad, al estilo de Don Bosco. No todos los testimonios que hay sobre él tienen el mismo valor. Los testigos, a algunos de los cuales hemos conocido personalmente, prestan su testimonio cada uno desde su concepción particular de la realidad y de la vida religiosa. Pero es muy importante su coincidencia en puntos fundamentales. Trataremos de tener en cuenta también a los testigos, que alejados de la fe e incapaces de comprender el secreto de la santidad de Zatti, han quedado impactados por su figura.
Una descripción global y autorizada del perfil espiritual del santo coadjutor es la del P. Juan E. Vecchi, quien ve como rasgos característicos del Beato “el sentido profundo de Dios y la disponibilidad total y serena a su voluntad, la atracción por Don Bosco y la cordial pertenencia a la comunidad salesiana, la presencia animadora y estimulante, el espíritu de familia, la vida espiritual y de oración cultivadas personalmente y compartidas con la comunidad”. Nosotros trataremos de reducir todo a tres rasgos esenciales, ilustrándolos con datos biográficos de Zatti. Pero en primer lugar tendremos que reconocer en Zatti a un heredero de la concepción salesiana de la santidad, que opta por la transformación de la vida ordinaria en vivencia evangélica. Junto a esta espiritualidad de lo cotidiano, aprendida en la escuela de Don Bosco, se destaca en la vida de Zatti su opción radical por la santidad continuamente renovada.

Espiritualidad de lo cotidiano, al estilo salesiano, impulsada por un ardiente deseo de santidad
Zatti a primera vista aparece como una persona normal, un hombre del pueblo, aunque extraordinariamente bueno. Basta mirar sus fotos, las de sus mejores años de intensa actividad. “Corpulento y de prestancia física” lo caracteriza el P. Feliciano López, quien fuera su director y confesor . Capaz de cargarse sin dificultad a un enfermo sobre sus hombros. Calzaba zapatos número 45. Viril, con un simpático bigote, cabello más bien corto y una sonrisa cautivante. “Franco, comunicativo, optimista, espontáneo, sincero, equilibrado”, según el docente Juan Carlos Tassara . Su cuñada, Augusta Borettini de Zatti, describe de forma muy popular los rasgos más característicos de la espiritualidad de Artémides: “Siempre fue piadoso, alegre y trabajador” . Zatti mismo nos marca las líneas de fuerza de su espiritualidad a través de tres sentencias escritas de su puño y letra, el 20 de diciembre de 1931, en el librito de sus Constituciones: “Ambula coram me, et esto perfectus” (“Camina en mi presencia y serás perfecto”); “Servite Domino in laetitia” (“Sirvan al Señor con alegría”) y “Vir obediens loquetur victoriam” (“El hombre obediente cantará victoria”) . No se trata de anotaciones piadosas, sino de frases que marcan ideales y propósitos que se han cumplido perfectamente en la vida del Beato: toda su vida deseó la perfección de la santidad; su servicio a Dios y a los hermanos lo realizó con alegría; su obediencia a la voluntad de Dios en las distintas circunstancias de su vida fue intachable.
Podemos decir que la espiritualidad de Don Artémides Zatti se apoyaba en la vivencia extraordinaria de las cosas ordinarias de cada día. Su entrega total a Dios y a los hermanos se trasparentaba en todas sus actitudes. Fruto de ese amor a Dios y al prójimo fue la armonía de todas las virtudes y un gran dominio de sí . El P. Juan E. Vecchi, quien no sólo era pariente de Don Zatti, sino que también lo conoció personalmente, lo define como “una personalidad armónica, unificada y serena, abierta al misterio de Dios vivido en lo cotidiano” . El mismo P. Vecchi ve en el Beato como encarnado “el alto grado de vida ordinaria” propuesto por Juan Pablo II en “Novo Millenio Ineunte, 31” .
El esfuerzo por alcanzar la santidad, oculto bajo una gran sencillez y humildad, era el motor de su vida. En un apunte suyo, fechado el 3 de enero de 1949, escribe: “He de procurar hacer todo lo que puedo a Gloria de Dios y bien de mi alma, para no ser lo que he sido y ser lo que debo ser, es decir Santo Salesiano”. El Vicario General de la Congregación Salesiana, Don Pedro Berruti, después de su visita a Viedma en 1933, deja escrito lo siguiente: “Zatti es un santo hermano, que se multiplica con heroico espíritu de sacrificio; en el Hospital él lo es todo, y tanto los médicos como los enfermos lo respetan, le obedecen y lo veneran” . Aun cuando en vida muchos lo consideraban como santo, él nunca se lo creyó. Sabía que el camino de santidad es un proceso. A su sobrina Mariquita que lo llama “santo e incomparable tío” le contesta: “Ofrezco (oraciones) a Dios a fin de que sea verdaderamente santo, como tú me titulas y de ese modo no incurrirás en la excomunión con que la Santa Madre Iglesia fulmina a los que dan título de santo antes de ser canonizado!!! Te perdono los adjetivos que no son calificativos y los tendré siempre en la memoria para que me sirvan de aguijón a fin de acercarme siquiera a lo que tú deseas que sea: santo e incomparable…”.
Desde que conoció a Don Bosco, en contacto cotidiano con el P. Cavalli y otros salesianos de Bahía Blanca, y habiendo leído su biografía, quedó fascinado por su figura. Consideró como una gracia extraordinaria poder asistir a la canonización del Santo Fundador en 1934. Este acontecimiento, del que participó vestido con un traje prestado por el Dr. Domingo Harostegui, redobló sus ansias de santidad. El P. Juan E. Vecchi considera como hilo conductor de toda la vida de Zatti “el seguimiento de Jesús, con Don Bosco y como Don Bosco, en todas partes y siempre” .

Visión sacramental de las personas y servicio incondicional a Cristo en los enfermos y pobres
Para Artémides Zatti toda persona era digna de respeto y hasta de veneración. Por el solo hecho de ser criatura de Dios, “imagen y semejanza” suya (Gn 1, 26-27; 5, 1.3; Sb 2, 23; Si 17, 3), signo-sacramento de Dios, merecía el mayor de los respetos. Escribe el P. Entraigas en su biografía: “Él no desechaba a los musulmanes que llegaban al hospital, ni a los protestantes ni a los ateos, porque ellos le ayudaban a él a ganar el cielo y él les daba a ellos pan, salud y buenos ejemplos” . En 1954 el Hospital se convirtió en noviciado. Los novicios de ese año pudimos conocer todavía a siete ancianitas del tiempo de Don Zatti, que estaban bajo el cuidado de una enfermera muy estimada por el Beato, Doña María (María Danielis), que luego sería Hija de María Auxiliadora. Una de las ancianitas, que tenía más de 90 años, era judía. El Hospital era su hogar, porque no tenía a nadie en el mundo. Todo hombre era para él “memorial” viviente de Cristo e interpelación suya, sobre todo si era pobre (cf. Mt 25, 35-45; 10, 40). Narra Entraigas: “Cuando decía al dirigirse a la ropera: ‘A ver: una muda de ropa para Nuestro Señor…’ es que él veía a Cristo en los pobres enfermos. Zatti pedía lo mejor para sus asilados. ‘A Nuestro Señor hay que darle lo mejor’, solía repetir. Cuando un niñito pobre del campo necesitaba un trajecito para hacer su primera comunión, Artémides lo pedía siempre en esa forma: ‘Un trajecito para Nuestro Señor’. ‘Hermana Graña,-le dijo una vez a la buena enfermera-, ‘prepare una cama para Nuestro Señor’. ¡Había llegado del campo un indio harapiento y tullido!” . Lo mismo recuerda Mons. Carlos M. Pérez: cuando necesitaba ropa para alguno de sus pacientes, le decía a sus bienhechores: “Dame ropa para un Jesús viejito”, o “Dame ropa para un Jesús de 12 años” . Cuando no había camas disponibles, el santo enfermero cedía la suya. Y si alguien moría y no había lugar en la sala mortuoria, para no impresionar a los compañeros de dormitorio, Zatti lo depositaba también en su lecho. Él se acostaba muchas veces en el piso. Después de la demolición del Hospital, y cuando ya no podía recibir a nadie, le oyeron hacer esta consideración: “¿Y si fuera Jesús el que viene en el enfermo?” .
En junio de 1936 llegó al Hospital un paisanito. Zatti lo preparó para la primera comunión que el muchacho recibió en la catedral, con un moño blanco comprado por el Beato en su brazo. Esa misma noche el enfermito llamó a Don Zatti y le dijo: “Me muero, Don Zatti…” Este, a su vez, le dijo: “Y bueno, si te querés morir primero haz la señal de la cruz, ahora junta las manos y luego contento y feliz te vas al cielo: así…sonriendo…sonriendo…”. El muchachito murió con la sonrisa en los labios . El santo enfermero nunca se acostumbró al dolor. “Delante de los enfermos graves bromeaba y reía, a veces, para darles ánimo; pero luego a solas lloraba”.
¿Quiénes eran los privilegiados del Beato? Un muchacho macrocéfalo, cuyo aspecto impresionaba a muchos, y una muda bastante traviesa. El macrocéfalo se sentía orgulloso por el afecto que Zatti le profesaba. Cuando alguien propuso mandarlos a la Capital Federal el santo enfermero se opuso rotundamente: “Estos dos –decía- atraen las bendiciones de Dios sobre el hospital”. A un médico que le objetaba que recibía lo peor, enfermos que otro hospital no habría aceptado, le contestaba: “Para mí es lo mejor…” . Él mismo solía atender los casos más difíciles o repugnantes. Así, por ejemplo, con la ayuda de la Hermana Severina, aseaba personalmente a un enfermo crónico que muy frecuentemente hacía sus necesidades en la cama . “Un hombre se había quemado todo el cuerpo. Los médicos desesperaban de salvarlo. Lo entregaron a Zatti: ‘Haga lo que pueda’, le dijeron. El buen samaritano preparó una pomada de conocida eficacia. Lo embadurnó sin compasión. Lo vendó por completo y lo dejó así. Pasaron 10 días. El hombre despedía un hedor insoportable: ‘Se le pudre vivo’ – le dijo un galeno – ‘sáquele las vendas y lávelo’… ‘Vamos a esperar un poco más’ – replicó Zatti – sabiendo lo que hacía…Cinco días más y le sacó las vendas. El hombre había cambiado de piel. Bajo la piel quemada aparecía otra como de niño….” .
Pero Don Zatti también sabía que Dios quiere la salvación de todos los hombres (cf. 1 Tm 2, 5). En todo momento trató de ser signo e instrumento de esa divina voluntad salvífica. Como Jesús se esforzó por ser médico de cuerpos y almas. Le escribe agradecido el Director de la Obra Salesiana de Stroeder: “Ante todo tengo que felicitarlo por la conversión que hizo en la persona de X….ese de la pierna que le había recomendado. No falta un domingo a Misa y está muy contento” . “Sus palabras impregnadas de amor y caridad, producían más bien que los remedios”, opinaba una religiosa de María Auxiliadora, después de la visita de Don Zatti a una alumna que estaba grave .
Un hecho destacado en la vida de Don Zatti fue la conversión del anarquista chileno Lautaro Montalvo. Este, sumergido en la miseria, sin amigos y rodeado de hijos famélicos y harapientos, fue visitado por el Beato en su choza. Zatti le ofreció sus cuidados, remedios y alimentos, y nunca más lo abandonó. Una vez preparado, Lautaro recibió el bautismo. Luego lo recibieron también sus hijos. Murió un poco después. En el lecho de muerte dijo: “Ahora que estoy bautizado, no sabe cuánto deseo morir”. Y, dirigiéndose al P. Antonio Fernández, añadió: “Pero usted, Padre, haga todo lo que tiene que hacer conmigo: déme los sacramentos que debe recibir un cristiano”. El sacerdote le dio la unción de los enfermos y Montalvo se durmió plácidamente en el Señor .
“Mientras curaba a algún enfermo, aprovechaba para hacerlo rezar: ‘A ver, rece un Padre Nuestro, va a ver que le duele menos…’. Enseñaba catecismo a algún muchacho en la sala grande, en voz alta para que todos oyeran y sin darse cuenta aprendieran los rudimentos de la fe” . Un médico incrédulo – según el testimonio del P. Raúl Entraigas – llegó a decir: “Frente a Zatti flaquea mi incredulidad” . “Él nunca impuso sus creencias a nadie”, observa otro médico que lo conocía bien. Con dulzura y suavidad, con calma y serena paciencia sabía llegar al corazón de los demás . Según el testimonio del P. Antonio Pigat, sacerdote diocesano, raramente ocurrió que alguien muriese sin sacramentos; al máximo uno por año . Era un enfermero educador, que se regía por los criterios del Sistema preventivo de Don Bosco: razón, religión y cariño .
Este modo intensamente evangélico de amar a Dios y a los hermanos con corazón indiviso, se manifestaba en una castidad radiante, portadora de un afecto verdadero y personal. Tenía un notable equilibrio psicológico y una madurez afectiva que lo capacitaba para hacerse todo para todos. Afirma el P. Feliciano López, que fue su superior: “En materia de castidad, Zatti era cordial y reservado, no era remilgado sino franco; pero para los ojos de los que lo veíamos estaba por encima de toda tentación”. Es importante el testimonio del Dr. Antonio Sussini, que tuvo un trato casi cotidiano con el Beato: “Don Zatti fue siempre muy cuidadoso, amable y prudente. Su actitud tan natural y serena en el trato con las mujeres, hacía que jamás hubiera ninguna queja ni ningún falso pudor por la naturalidad con que las trataba. Ninguna mirada, gesto o actitud establecía ninguna diferencia con el trato que daba a los hombres, salvo la mayor delicadeza con que actuaba”. “Y cuando se trataba de hacer curaciones a mujeres, lo hacia con mucha modestia, descubriendo sólo las partes necesarias y poniendo especial cuidado en que estuviese alguien presente. Evitaba las operaciones y las curaciones sobre el cuerpo desnudo o sobre las partes delicadas” . Su concepción del otro como reflejo de Dios e imagen de Cristo no permitía actitudes reñidas con el respeto y la delicadeza. Hablaba el único lenguaje que entiende todo el mundo: el lenguaje del amor.

Laboriosidad incansable santificada por la unión con Dios y la oración
En Don Zatti trabajo y oración eran dos aspectos de un mismo amor. En su persona y en sus actitudes se hacía patente la tan mentada “gracia de la unidad”.
Su incansable dedicación al trabajo por los demás es algo que atraviesa toda su existencia. Al leer su biografía uno queda abrumado por el cúmulo de actividades diarias realizadas con sencillez y esmero, sin desmedro no sólo de la oración personal sino también de la comunitaria. Resulta casi imposible describir las múltiples incumbencias y quehaceres del Beato a lo largo de una jornada. Atención cotidiana a los enfermos de las diversas salas, formación del personal femenino , asistencia a las operaciones, cuidado personalizado de los casos más graves o repugnantes, “consultorio a domicilio” y visitas a enfermos de la periferia, trámites bancarios, malabarismos para cubrir deudas (“Don Pedro, ¿por qué no le presta cinco mil pesos a Dios?” ), ayuda a inmigrantes, resolución de pedidos que llovían de los cuatro puntos cardinales (búsqueda de empleo, recomendaciones varias, medicinas, gomas de auto, fruta y otras cosas de las más inverosímiles), provisiones y mandados para el Hospital y hasta para las casas de formación, correspondencia abundante (con bienhechores, antiguas enfermeras y pacientes…), arreglos de diverso tipo (el arreglo del tanque del Hospital le ocasionó la caída que aceleró las consecuencias nefastas de su última enfermedad), participación en las grandes manifestaciones eclesiales (fiestas, procesiones, encuentros de la Acción Católica y del Círculo Obrero Católico del cual era prosecretario), mediación pacificadora en conflictos y rencillas…. En 1934, para dar un ejemplo, los pacientes internados en el Hospital ascienden a 1001 y los atendidos en el consultorio externo a 13.340 . Además Zatti cuidó siempre la profesionalidad, uniendo el estudio a la experiencia práctica. En 1917 se recibió en La Plata de “Idóneo en Farmacia”. El 12 de junio de 1948 obtuvo el carnet de enfermero (nº 0725) expedido por la Secretaría de Salud Pública de la Nación . “Zatti estudiaba”, le confió el Dr. Sussini al P. Raúl Extraigas . La abundante biblioteca de libros y revistas de medicina que quedaron en la Obra Salesiana de Viedma, después de la muerte de Zatti, testimonia su permanente voluntad de estar al día. Una imprudente “limpieza” de dicha biblioteca, en la década del ’60, nos priva hoy de un tesoro documental. Con todo, el Beato jamás hizo alarde de su saber. En todo se sometía al veredicto de los médicos para ejecutar sus disposiciones. Escondía su profunda ciencia empírica bajo el manto de la modestia .
Su continua unión con Dios es un hecho ampliamente testimoniado. Así lo expresa Mons. Carlos M. Pérez, que fue Inspector de Don Zatti en el ocaso de su vida: “La impresión que yo recibí fue de un hombre unido al Señor. La oración era como la respiración de su alma; todo su porte demostraba que vivía plenamente el primer mandamiento de Dios: lo amaba con todo el corazón, con toda la mente y con toda su alma” . De forma semejante opina el P. Feliciano López: “Era evidente que el Siervo de Dios practicaba una oración continua: en la bicicleta pedaleaba y rezaba; cuando atendía a los enfermos con naturalidad profería expresiones de fe y pronunciaba palabras que elevaban el espíritu, también con los religiosos” .
La eucaristía diaria y la frecuente confesión eran – según la mejor tradición salesiana – el alimento y el sostén de su dinamismo y de su constancia en su sacrificado trabajo cotidiano. El P. Feliciano López declara que la confesión de Zatti era semanal . “El pobre confesor sentado a su lado, se llenaba de confusión y casi de terror al ver a ese ángel que sufría angustias de muerte para arrancar a su alma pura algún pecado de qué acusarse…..” . Esta afirmación es del P. Entraigas, que algunas veces atendió al Beato en el sacramento de la reconciliación. Según la costumbre salesiana de entonces, por más atareado que estuviera, no se perdía la segunda Misa dominical. “La piedad de Zatti hacia la sagrada Eucaristía era fuera de lo común” . “En la adoración al Santísimo y en su oración se notaba, por la concentración que ponía, el interés profundo de poner todo su ser” . En la “Quinta de los curas” (lugar del Hospital después de su demolición en el centro), consiguió tener la bendición del Santísimo a diario . Hizo lo posible para que en las “casas sucursales” del Hospital hubiera celebraciones eucarísticas al menos una vez al mes . Las enfermeras “alguna vez lo sorprendieron a las 5:30, antes de la meditación, prosternado en la capilla y con el rostro pegado al suelo, en profunda oración y anonadamiento ante Dios” . De esa oración íntima, “en lo secreto”, sin ostentación (cf. Mt 6, 5-6), hay múltiples testimonios . En los momentos duros de su vida, con lágrimas en los ojos, buscaba consuelo y serenidad ante el Santísimo. Recuerda el P. Enrique M. Kossman: “Cuando oraba lo hacía recogido, sin afectación. A las 6 de la mañana terminaba su meditación con la comunidad recitando la oración de María Auxiliadora con tono vigoroso” . El domingo por la tarde, “Zatti cantaba siempre las vísperas con el ‘Liber Usualis’ en la mano y lo hacía con tal unción que invitaba a unírsele y a participar de su santa euforia” . Su devoción a María era tierna y filial. A ella le atribuía su curación de la tuberculosis en los años mozos . En la profesión perpetua añadió a sus nombres Artémides, Joaquín, Desiderio, el de María . Mientras andaba en bicicleta solía rezar el rosario o cantar coplas a la Virgen. También se lo vio con el rosario colgando del cuello. Su entusiasmo en las peregrinaciones a Fortín Mercedes era contagioso . Mientras curaba un forúnculo al joven P. Carlos M. Pérez, tarareaba el Magnificat . La devoción a Don Bosco, que tuvo desde que conoció a los salesianos, creció sobre todo después de la canonización del Santo Fundador. Otras devociones suyas eran las de San José y el Ángel Custodio . “Era un erudito en hagiografía. Sabía la vida del santo de cada día” . Su saludo diario a los enfermos era: “Buen día, vivan Jesús, José y María”. También les daba las “Buenas noches”, encendidas en amor de Dios. Se lo escuchó cantar las letanías del Sagrado Corazón y las de San José . No sólo rezaba personalmente; amaba la oración en común, así como la vida de comunidad en general. Era puntualísimo y él mismo dirigía la lectura espiritual, haciéndola gustar . Jamás usó de pretexto su prodigiosa actividad, para eximirse de la oración comunitaria y otros encuentros de la comunidad.
El 27 de febrero de 1951 recibió el viático y la unción de los enfermos, que él mismo había solicitado una semana antes. Previamente renovó sus promesas bautismales y los votos. Quiso que todo se realizara de forma solemne en presencia de los demás enfermos .
Una expresión fuerte de su unión con Dios era su ilimitada confianza en la Providencia. Ni la magnitud de su obra ni su desprendimiento y pobreza personales se entienden al margen de la Providencia. Sabía que Dios era Padre y no le dejaría faltar lo necesario. “Yo no le pido a Dios que me traiga las cosas, – decía - sino que me diga dónde están y yo las voy a buscar” . Como se ve su concepción de la Providencia era activa, al estilo de Don Bosco. Por otro lado, no quería ser obstáculo a la Providencia. “El dinero – solía decir – o sirve para hacer el bien o no sirve para nada” . “Cuando quisieron regalarle un pequeño automóvil, él lo rehusó: ‘No, les dijo, este que tengo no necesita nafta y no para nunca’” . Un hermano coadjutor, el Sr. Brioschi, recuerda: “Don Zatti ha administrado millones y nunca ha gastado un centavo para sí” .

Alegría, optimismo y espíritu de familia
Del corazón de Zatti, lleno de confianza en Dios y de amor hacia los demás, brotaban una alegría y un optimismo que parecían algo connatural en él, como un estado de su alma. Era un hombre feliz, festivo, portador de una gracia nativa. Su proverbial sonrisa era bálsamo y medicina. Su buen humor y sus ocurrencias formaban parte de su estrategia evangelizadora. “Dice uno de sus colaboradores de los primeros tiempos, Don Augusto Rébola, que Zatti ‘se hacía deseable como compañero por sus salidas jocosas y sus cuentos amenos’” .
Un médico que, viéndolo pedalear tranquilo bajo la lluvia, le advirtió que se apurara para no mojarse, tuvo la siguiente respuesta: “¿Y usted cree que el agua de más adelante no moja?” .
Un paisano agradecido le dice a Zatti: “Me despido de usted y déle muchos recuerdos a su esposa, aunque no tengo el gusto de conocerla….El Beato contesta riendo: “Ni yo tampoco”.
A una chica que andaba a base de vitaminas le dice: “Mira: a esta señora la llamamos Catalina de Sánchez, a ti te llamaremos Vitamina de Calcio”.
Cuando veía que algún muchacho tenía un remiendo en las posaderas, solía decir la siguiente cuarteta: Mi madre me hizo un remiendo
en medio del pantalón
y al mirarlo, parecía
la forma de un corazón…
Dos relojes viejos en la sala de operaciones marcaban cada uno una hora distinta. Al médico que se lo hace notar le contesta: “¿Y usted cree que si ambos marcaran la misma hora, yo iba a tener dos relojes?”
Delante de señoritas demasiado preocupadas por su “pinta” solía cantar con música de una copla popular: Tenemos cuando niños
color de rosa,
un cuerpecillo débil
y un alma hermosa:
pero al llegar a viejos,
el cuerpo se broncea,
todo se afea…..
Zatti curaba cantando. Una niñita del Bajo del Gualicho, que tenía terror a los médicos, llegó a decir: “¡Qué güeno este doctor!”…
“’¿Quién nos va a tener contentos ahora?’, decía un anciano cuando lo vio a Don Zatti que andaba amarillo y tambaleándose en los últimos días…”.
Al Dr. Ecay, que quería saber el secreto de su buen humor, le dice: “Es fácil, doctor: tragando amargo y escupiendo dulce”.
Ni en los momentos de prueba y dolor perdía el buen humor. Cuando lo meten preso por la fuga de un encausado del Hospital, él describe los 5 días de la cárcel como las únicas verdaderas vacaciones que había tenido en su vida . Ante el traslado doloroso del Hospital a la Quinta, no sólo no permite que se hable mal de los responsables, sino que muestra optimismo en una carta a Hildegarda, su hermana: “…Estamos en un paraíso terrenal y cuando se hayan hecho las obras que están proyectadas y que en estos días han de empezarse, no habrá hospital ni sanatorio que nos gane!” A un salesiano que advierte el color amarillento del semblante del Beato, debido a la enfermedad, le dice: “Hasta ahora he sido un gorrión; pero ahora me voy trasformando en canario…” .
El humor servía de distensión, animación, enseñanza y hasta de fraterna corrección. No pocas veces lo usaba también como un modo de solicitar ayuda material. A quienes en una ocasión le dijeron que habría que levantarle un monumento, les contestó: “Vean, es mejor que me lo den en efectivo, para algodones, gasa y alcohol”.
En los ejercicios espirituales y en las sobremesas festivas, con la servilleta sobre el hombro, solía leer, a modo de brindis, versos algo prosaicos compuestos por él mismo. Eran una rara mezcolanza de castellano, latín, italiano y a veces también algo de francés. Mientras hacía reír, animaba también al fervor religioso. Aunque era sobrio en el comer (en expresión suya era “más sopero que carnero”), no dejaba de estar presente en la buena mesa de los grandes festejos. Las fotos revelan a veces más que los testimonios escritos. En el ya mencionado libro de Vicente Martínez Torrens tenemos imágenes suyas participando en festejos del Círculo Católico de Obreros, disfrutando de la mesa festiva con ocasión de diversos acontecimientos (fiesta del P. Director de turno, ordenaciones sacerdotales, bienvenida al Obispo Mons. Nicolás Esandi, asamblea de la Acción Católica, agasajo de médicos y bienhechores del Hospital) y gozando de paseos comunitarios (a la Quinta San Isidro, a La Boca, a la Isla Marchesotti) . Le encantaba jugar a las bochas y al truco. Al juego seguía alguna vez la invitación a la confesión. También disfrutaba del teatro. Quedó célebre al actuar en una obra de “chino”. También lo llamaban “el valiente”, por una pieza teatral en la que tuvo que gritar: “Valientes alabarderos”.
No sólo participaba con gusto de los paseos de la comunidad salesiana y de la distensión en familia, sino que él mismo organizaba paseos con el personal del Hospital. Una de sus enfermeras describe así los paseos que se solían hacer a La Boca (actual balneario de Viedma): “Era realmente un día de gran expansión. Allá no nos faltaba nada. Alegría, baños, rica comida y con la buena compañía se nos pasaba el día volando…” . Era magnánimo, generoso hasta el extremo. Hasta hacía préstamos a otros hospitales . Escribe el P. Luis M. Galli: “De Zatti no he oído nada fuera de algún comentario acerca de lo que parecía dadivosidad imprudente o imprevisión, que en él era confianza absoluta en la Providencia y desborde de su caridad” . El lema: “Servite Domino in laetitia” (=Sirvan al Señor con alegría) lo cumplió a perfección.

Conclusión
El Dr. Ecay, que era médico de Patagones, afirmaba refiriéndose a Zatti: “Es el hombre más extraordinario que he conocido en estos 23 años de Patagonia que llevo” .
Nosotros, llamados a la perfección cristiana por el amor, no podemos quedarnos en la mera admiración de la grandeza humana de este “Buen Samaritano”. Más allá de las condiciones cambiadas de nuestro mundo y hasta de la misma vida religiosa, Zatti sigue siendo para todos un estímulo y ayuda en el camino de santificación.


Juan REBOK, sdb.

REPENSANDO LA IDENTIDAD DE LOS RELIGIOSOS HERMANOS EN AMÉRICA LATINA Y CARIBE




1. Cambios que exigem la reconstrucción de identidades
La Vida Religiosa en América Latina y Caribe, a raiz de los cambios e inquietaciones que resultaron en el Concílio Vaticano II y, en América Latina y Caribe, en la Conferencia de Medellín y las subsequentes Conferencias Episcopales del Celam, está pasando por un profundo, bonito y, por que no?, muchas vezes, sufrido proceso de redescubierta de su identidad.
Proceso que incluye un momento negativo – talvez el más doloroso - de de-construcción de una determinada identidade, espiritualidad y misión que yá no respondem a las nuevas realidades vividas en la región. Y, lo que hace la tarea mas dificil, al mismo tiempo, intentar la construcción de una nueva compreensión de los mismos. Y casi siempre sob la presión de la urgencia de los tiempos y de las situaciones... Tarea que, mismo habiendo empezado antes del proprio Concílio, todavia está a camino y, como todo proceso, si no bien conducido o no empujado con el devido vigor, puede correr el riesgo de retrocesso.
En este proceso, al poner-se a camino junto con la Iglesia que yá no se compreende en oposición, sino en diálogo con la sociedad, la VR se dió cuenta que yá no podía seguir viviendo como una eclesíola o secta a parte y que, dentro del mundo que le tocaba vivier y dentro de la catolicidad de la Iglesia, tenia su contribucion específica a dar encuanto VR.
Caminar en Iglesia permitió a la VR redescubrir, además de lo próprio de la VR, también la gran diversidad de carismas y la riqueza que cada uno de ellos, en el diálogo con los otros, podría aportar al conjunto de la VR y a la Iglesia.
Por otra parte, al insertar-se en la sociedade y, en ella, tomar parte en las luchas del pueblo pobre por liberación, la VR también redescubrió su dimensión místico-profética y la necesidad, para concretarla, de desacerse de estructuras, modos de vida, esquemas mentales, teologías, espiritualidades... que, en la realidad concreta del Continente y Caribe, yá no eran señal de la presencia del Reino de Dios.
Las luchas de los pueblos negros e indígenas provocaran a religiosos y religiosas que traían en su cuerpo - muchas vezes de modo inconciente o ocultado - las marcas de los quinientos años de un mestizaje forzado, a redescubirse como afroamericanos/as o hijos e hijas de los pueblos originários destas tierras y, a partir desta conciencia, ponerse a rescatar la cultura y los derechos a la sobrevivencia de estos pueblos y, por consecuencia, tambien su derecho de expresar su fé cristiana con el modo y contenido que les es proprio.
La proximidad con las mujeres del pueblo y sus luchas provocó a las Religiosas – el grupo más significativo en la VR - a repensar su própria condición de mujeres en la Iglesia y en la sociedad y a comprometerse a superar las estruturas machistas tanto en el ambito de la misma VR, de la Iglesia como en la sociedad.
El Concílio Vaticano II, al repensar el ser de la Iglesia, también llamó la atención y rescató la plena eclesialidad de los laicos y laicas. Reconoció su entera condición cristiana a partir de la teologia del bautismo, su plena ciudadania eclesial por la participación en los consejos en los distintos niveles eclesiales bien como en la misión de la Iglesia en el mundo.
En este contexto de cambios muy rapidos y profundos que ni siempre tuvimos el tiempo, coragem o fuerzas para asimilarlos, la Vida Religiosa, así como la Iglesia, nos dimos cuenta que, al demás de sermos humanos y cristianos, concretamente somos varones, mujeres, blancos y blancas, negros y negras, índios e indias, clérigos y laicos... y que tenemos necesidad de, en las nuevas circunstancias eclesiales y sociales, reconstruir nuestra identidade.
Cuanto a la Vida Religiosa, nos dimos cuenta que somos mujeres y hombres – y para muchos eso fué una surpresa y, en algunos casos, hasta mismo un trauma! Y que, por eso, hay una vida religiosa feminina y una vida religiosa masculina. Y que, entre los religiosos varones, hay clérigos y hay laicos.
Y nos dimos también cuenta que hay religiosos laicos viviendo en congregaciones exclusivamente laicales y otros viviendo en congregaciones en donde también hay clerigos... Y que esas dos situaciones concretas, en el repensar de la identidade de los religiosos laicos, hace una gran diferencia!
En suma, no hay apenas una identidad, una espiritualidad y una misión a reconstruir, sino multiplas identidades, espiritualidades y múltiples compreensiones de la misión, pués, la VR, mismo siendo una, se presenta cada vez más plural, multiforme y multicolorida...
La CLAR, en sus cincuenta años, se constituyó en espácio privilegiado para la mutua ayuda, el compartir, el reflexionar y el soñar con un futuro místico-profético de la Vida Religiosa en el Continente. En este trienio que completa su 50 aniversário, entre las diversas actividades para conmemorar la fecha, está una serie de Seminarios de los cuales el de Religiosos Hermanos es el que cierra el ciclo. Tivimos el Seminario de Religiosos/as Afro-descendientes, Indígenas, Insertos/as en Medios Populares, de Educación y de Bioética. Las temáticas tratadas son viejas conocidas de la Vida Religiosa. Pero, los cambios en la vida de nuestros pueblos y de nuestra Iglesia exigen que sean replanteadas para que nuestro futuro no se resuma a un “museo de grandes novedades”.
La cuestión que nos fué propuesta para este Seminário que aqui nos reúne es: identidad, espiritualidad y misión de los hermanos religiosos. Nos detendremos aqui apenas en el primer punto, o sea, la identidad de los hermanos religiosos. Es en el ambito de este diálogo de hermanos que este seminário quiere ser, que ofrecemos estas reflexiones en la esperanza de que nos ayuden a caminar en la fidelidad a nuestras vocaciones y al Reino. Lo hacemos desde nuestra perspectiva personal que es la de un hermano viviendo en un Orden Religioso mixto en donde la mayoria de sus miembros son clerigos . Esto, tenemos clara conciencia, marcará nuestra reflexión que, sin dejar de ser muy particular, quiere ponerse en diálogo con otras experiencias.
2. Ubicando los Hermanos Religiosos en la Iglesia
Para empezar, hay que decir que los hermanos religiosos somos una ínfima minoria en la VR y que esta, por su vez, representa un numero casi que insignificante dentro del todo del cristianismo. En la Iglesia Católica Romana, la VR representa algo en torno al 0,12%. Si miramos la composición de la VR, mas o menos 70% es de Religiosas. Los Religiosos varones completan los otros 30% dividiendose en 18% de clerigos y 12% de hermanos .
Estamos hablando de un pequeño grupo (los hermanos religiosos) dentro de un otro pequeño grupo (los religiosos varones) en un grupo un poquito más grande (la Vida Religiosa de varones y mujeres) dentro de una Iglesia (la Católica Romana) que es apenas una entre otras tantas Iglesias cristianas...
La conciencia de la pequeñez numérica, todavia, no puede poner la cuestión de la significancia teológica. Delante de Dios, no es el número lo que hace la importancia, sino la fidelidad a El y a su proyecto. Sin la pretensión de querer asumir la figura del “resto de Israel” (Jr 31,7), tenemos la conciencia de que, si Dios mantuvo en su Iglesia esta forma de vida, ella es importante y es un llamado de Dios y camino de santidad.
Es lo que expresa el Vaticano II en Perfectae Caritatis, 10:
La vida religiosa laical de hombres o mujeres, constituye en sí un estado completo de profesión de los consejos evangélicos, por lo cual, apreciándola mucho el sagrado Concilio, por ser tan útil a la función pastoral de la Iglesia, en la educación de la juventud, en la asistencia a los enfermos y en otros ministerios, confirma a los miembros en su vocación y los exhorta a acomodar su vida a las exigencias modernas.
Todavia, segun la Unión de Superiores Generales (apud CIARDI, p.135)
Vinte años después del termino del Concilio, la Vida Religiosa laica masculina permanece no compreendida por la opinión publica e no es valorizada em la Iglesia, tambien por los sacerdotes y um cierto numero de obispos. La vocación religiosa de los hermanos es evaluada como vocación de segunda categoria, de menor importância. Esta permanece desconocida y muchas veces marginada, vista negativamente.
A que se debe eso? Nuestra intuición es que, como lo señalan los Superiores Mayores, hay un problema de lenguage – lo laical - que manifiesta un problema sociológico (la opinión pública) y un problema eclesial. Con efecto, el significado de las palavras no nace de la nada, sino que se construye a partir de las vivencias. Por tras de las palavras, hay un problema sobre el sentido de la vida cristiana y por eso podemos afirmar que hay tambien un problema teológico, siendo la Teologia el campo del saber que busca compreender la vida de fé.
La palabra laico, en casi todos los idiomas, viene cargado con un sentido negativo. Es asociado a lego, el que es falto de instrucción en una materia determinada. O entonces es entendido como ajeno a la religión y, en muchos casos, anti-eclesiastico, el que es contra la Iglesia. Asi que, para alguien asumirse como laico, en una sociedad marcada por lo religioso y eclesial, como lo es la latinoamericana, sin que eso sea visto como negativo, tiene que dar un montón de explicaciones...
En el ambiente religioso, si le perguntamos a la gran mayoria de los catolicos romanos “que es un laico?”, la respuesta será, casi siempre, una respuesta en forma negativa: el que nos es cura, el no-clerigo. O sea, ser laico es una negación, una deficiencia, un ser menos en relación a los clérigos. Eso es realidad mismo entre nosotros religiosos y religiosas cuando tenemos dificultad o hasta nos oponemos a decir “religiosos laicos” y preferimos decir “hermanos religiosos”. Extraño, pués el proprio Concilio, como vimos en Perfectae Caritatis, n. 10, habla tranquilamente de vida religiosa laical!...
El Vaticano II, especialmente en la Constitución Dogmatica Lumen Gentium, hizo un gran esfuerzo para rescatar la compreensión de la Iglesia Pueblo de Dios en donde todos, por su pertenencia a ese Pueblo señalada por el Bautismo, participan del Pueblo Sacerdotal (LG 10-11), profético (LG 12) e régio (LG 25-27 e 34-36). Es el sacerdocio comun de los fieles (LG 10) que hace con que todos los cristianos tengamos la misma dignidad delante de Dios.
La Iglesia, todavia, segun el mismo Concilio, encuanto comunidad humana, es tambien una “sociedad hierarquicamente organizada” (LG 8) en donde hay una porción que tiene la misión de governar (el clero, principalmente los obispos: cf. LG 6;8;14 etc) y la que deve ser governada (los laicos: cf. LG 37).
Estes, los laicos, son definidos por el Concilio de dos maneras. Primero dice lo que ellos no son y después lo que ellos son:
Por laicos entiendese aqui todos los cristianos que no son miembros de la sagrada Orden o de un estado religioso reconocido por la Iglesia, o sea, los fieles que, incorporados a Cristo por el Bautismo, constituídos en Pueblo de Dios y tornados participes, a su modo, de la función sacerdotal, profética y regia de Cristo, exercen, en lo que les toca, la misión de todo el Pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo” (LG 31).
Por esta afirmación de LG (y por su estrutura como un todo) se podria entender que en la Iglesia hay tres tres tipos de personas (estados): el de los clerigos, el de los/as religiosos/as y el de los/as laicos/as.
Pero, en seguida, al definir lo que es la VR, el mismo Concilio dice que
Teniendo en cuenta la constitución divina hierárquica de la Iglesia, este estado no es intermedio entre la condición del clero y la condición seglar; de ésta y de aquélla Dios llama a algunos fieles para gozar un don particular en la vida de la Iglesia, con el que contribuir, cada uno según su modo, a la misión salvadora de ésta” (LG 43).
Parece aqui decir el Concilio que en la Iglesia hay solamento dos estados: el de los clérigos y el de los/as laicos/as. La VR seria compuesta así por personas de los dos estados, no constituyendo, entonces, un estado particular.
Al analisar estes textos, algunos se posicionan más por LG 31 y accentuan la proximidad de la VR con los clérigos y su distancia de los laicos. El extremo de esta posición llega a la asimilación de la VR masculina al Orden Clerical e a la clericalización de las religiosas que pasan a ser vistas como medio curas. Otros accentuan la dimensión laical de la VR con el intento de aproximarla de los laicos y de las tentativas de superación del clericalismo en la Iglesia. Otros intentan harmonizar las dos afirmaciones. Es el caso de Ciardi (1994, p. 137) cuando dice que
En la Iglesia existe uma dupla acepción de la palavra ‘laico’, con base en una dupla distinción. Existe la distinción entre laicos y clerigos cn base en los ministerios ordenados: es una distinción que podríamos llamar de vertical. Es un criterio de distinción que hallamos em el âmbito de um mismo Instituto, en donde hay laicos y presbíteros. Todavia esto no es suficiente para definir el ‘religiosos laico’. Hay um outro critério de distinción en el Pueblo de Dios, entre laicos y religiosos, basado em una vocación específica a um particular carisma: es uma distinción que podríamos llamar de horizontal. À la vida religiosa adieren personas provenientes de ambas las condiciones yá dadas por el primer critério de distinción: laicos e clérigos. Y el hermano religioso por el hecho de poseer una vocación para el seguimiento y para la consagración distinguese, como persona consagrada, de los laicos. Basado en este segundo criterio de distinción, los hermanos religiosos no pueden ser definidos como laicos.
La limitación de la afirmación se torna evidente al intentermos aplicar la misma lógica a los religiosos clérigos y al intentarmos decir, parafraseando el autor, que “los religiosos clerigos no puedem ser definidos como clerigos”. Com certeza nadie se atreve a eso hoy dia en la Iglesia Católica... O entonces, asumir con todas las palabras, que la condición laical no es una “vocación específica” ni constituy un “particular carisma” en la Iglesia .
El Derecho Canônico, al intentar aplicar el Concílio a la normativa de la vida cristiana, al hablar de la composición de la Iglesia, asi se expresa:
207 § 1. Por institución divina, entre los fieles hay en la Iglesia ministros sagrados, que en el derecho se denominan también clérigos; los demás se denominan laicos.
Luego em seguida, en el segundo parrafo del mismo numero esclarece la naturaleza de la VR:
§ 2. En estos dos grupos hay fieles que, por la profesión de los consejos evangélicos mediante votos u otros vínculos sagrados, reconocidos y sancionados por la Iglesia, se consagran a Dios según la manera peculiar que les es propia y contribuyen a la misión salvífica de la Iglesia; su estado, aunque no afecta a la estructura jerárquica de la Iglesia, pertenece, sin embargo, a la vida y santidad de la misma.
Luego,
588 § 1. El estado de vida consagrada, por su naturaleza, no es ni clerical ni laical.
§ 2. Se llama instituto clerical aquel que, atendiendo al fin o propósito querido por su fundador o por tradición legítima, se halla bajo la dirección de clérigos, asume el ejercicio del orden sagrado y está reconocido como tal por la autoridad de la Iglesia.
§ 3. Se denomina instituto laical aquel que, reconocido como tal por la autoridad de la Iglesia, en virtud de su naturaleza, índole y fin, tiene una función propia determinada por el fundador o por tradición legítima que no incluye el ejercicio del orden sagrado.
Seguiendo Matos (2000, p. 56), podemos decir que hay, en la forma como se organiza la Igleisa católica romana hoy, hay dos tipos de laicos. Los laicos tout court, o sea, “los fieles batizados que viven normalmente imersos em las realidades seculares de la família y del trabajo” y los “laicos consagrados em sus diversas modalidades existenciales”. Cuando hablamos de religiosos laicos “nos referimos a um hombre consagrado que conserva su estado laical siendo miembro de um Instituto de Vida Consagrada ‘enteramente laical’ o de um Instituto reconocido canonicamente como clerical”.
Lo mismo se podria decir de los clérigos. Hay clérigos tout court y hay clerigos que pertenecen a un instituto religioso. Aquellos son los llamados clerigos seglares y estos son los religiosos clerigos. Asi nos parece que las cosas queden bien mas claras y bien mas cercanas a la realidad de la vida en la Iglesia y, en ella, de los religiosos.
La Vida Religiosa, en sus origenes, tanto historicas como teologicas, es eminentemente laical. Hoy dia, numericamente, la mayor parte de la Vida Religiosa continua siendo laical. Por que entonces tenemos que ponermos, los varones religiosos que optamos por mantener nuestra condición laical, la question de la identidad, espiritualidad y misión de los religiosos laicos? Y por que en veces hasta hay un mal estar, tanto en nosotros como en los que nos oyen, que nos llamemos, con las palavras del mismo Concilio (cf. PC, n. 10), de religiosos laicos?
Intentaremos, en lo que sigue, apuntar algunas razones teológicas por las cuales llegamos a esta situación. Más do que exaustivas, quieren ser reflexiones indicativas y que nos pongan a pensar, tanto a nosotros como al todo de la VR y de la Iglesia en la cual vivimos.
3. Teologia del sacerdocio y ministerios eclesiales
Segun Clodovis Boff (1994, p. 581) hay dos razones que hacen con que la vida religiosa masculina laical sea preterida em favor de la clerical: “las necesidades pastorales, especialmenten misioneras, que obligan a lanzar mano de la VR o la empujan a la ordenación” y “la importancia del culto liturgico en la VR, especialmente las ‘ordenaciones absolutas’, o sea, no destinadas a una Comunidad, pero ad missam, o sea, à la celebración de las ‘misas privadas’”.
Dando por supuesto que la VR es un valor en si y que, por consecuencia, no puede ser vista apenas a partir de la misión; y que la misión de los hermanos religiosos es tán importante quanto a la de los hermanos clerigos, queremos detenernos en el segundo punto por el señalado de que, “tanto en un caso como el otro, juega fuertemente una concepción particular (hoy discutible) de sacerdocio (...) visto como basis de todos los ministerios y orientado hacia el altar (Boff, 1994, p. 581).”
De la misma opinión es Francisco Taborda (1980, p. 50) cuando, al analisar la situación de los hermanos laicos en la Compania de Jesus, dice:
O mal entendido da distinção de jusuítas plenos (padres) e jesuítas plenos, sim, mas não tão plenos (irmãos) provém da concepção pós-tridentida, anti-protestante e sacerdotalista do ministério. Se o padre é ontologicamente superior ao leigo, se ele é o ‘pagé’, que conhece como aplacar a divindade, se ele é o consagrador, então evidentemente que o leigo é um cristão (e, portanto, também um religioso) de segunda categoria. Então só o padre é propriamente Igreja. (...) No momento em que se reconhece que o ministério é uma função na Igreja e que a Igreja como todo é o corpo sacerdotal, então não tem maior sentido que o ministro se dedique a algo (como pesquisa científica, a administração) que lhe tira a possibilidade de exercer o ministério ou vice-versa.
Tratase pués de la cuestión de los ministerios en la Iglesia y, en ellos, especificamente, la cuestión del sacerdocio y la relación entre ministerios ordenados y ministerios laicales. La Eclesiologia es el campo en donde deben ser situados los ministérios. La Iglesia, por sua vez, es la comunidad de salvación, el grupo de hombres y mujeres que es llamado – y responde afirmativamente – por Dios para ser en el mundo signo e instrumento de Su salvación. O sea, el pano de fondo más amplio, en que toda Eclesiologia y toda la Teologia de los Ministerios se fundamenta, es la Soteriologia. No tenemos aqui posibilidad para profundizar en cada una de estas cuestiones y como ellas se relacionan entre si. Vamos mencionándolas y relacionándolas en el limite y en la medida que nuestra reflexión lo exige.
3.1 Salvación en Cristo, nueva comunidad, nuevo sacerdocio
No se puede decir que, en el Nuevo Testamento, podamos encontrar uma Eclesiologia explícita. En el, todavia, están los elementos que servirán como fundamento para la construcción de la reflexión sobre el ser y el organizarse dela Iglesia .
En la tradición biblica neotestamentaria, no hay ninguna definición que se aproxime de la actual compreensión de “laico” ni de “clerigo”. Segundo Tamayo (2009)
El término griego kleros de donde proviene clero, clérigo, aparece dos veces en el Nuevo Testamento, pero con un significado muy diferente al que tiene hoy. Hch 1, 17 utiliza la palabra kleros al hablar de la elección de Matías como sustituto de Judas en el grupo de los Doce. De Matías se dice que obtuvo un puesto en el servicio del apostolado. 1 Pd. 5, 3 designa con esa palabra a las partes de la comunidad confiadas a los responsables. Con Orígenes, kleros comienza a emplearse en referencia a los servidores eclesiásticos y en contraposición a laico. Ese será el significado que terminará por imponerse La palabra laico (del griego laos) significa, etimológicamente, la pertenencia a un pueblo. No aparece en el Nuevo Testamento y es utilizada, por primera vez en la carta de Clemente de Roma a los Corintios y posteriormente por otros autores (Clemente de Alejandría, Tertuliano, Orígenes ... ) para referirse al pueblo creyente en cuanto distinto de los oficiantes del culto, o a los fieles en contraposición a los diáconos y sacerdotes.
En el Nuevo Testamento, todo miembro de la comunidad es parte de la misma realidad llamada por Dios y consagrada: “Pero ustedes son una raza elegida, un reino de sacerdotes, una nación consagrada, un pueblo que Dios hizo suyo para proclamar sus maravillas; pues el los ha llamado de las tinieblas a su luz admirable” (1Pe 2,9). Todo miembro de la comunidade es parte del mismo, único e indivisible Pueblo de Dios y se define a partir de su relación con Él. Por su adhesión a Cristo, todo cristiano y toda cristiana es salvo (Rm 10,9), elegido (Rom 1,6), santo (1Cor 1,2) y discípulo (At 11,26). Juntamente con la expressión Pueblo de Dios (1Pe 2,10), tambien las expressiones Iglesia de Dios (At 20,28) y Cuerpo de Cristo (1Cor 12,27) son usadas para expresar esta particular relación de todos los miembros para con Dios.
Lo que hace el cristiano ser diferente no son las relaciones internas en la comunidade. Más bien, es su relación con el mundo que es de una oposición inconciliável. Los cristianos hacen yá parte de la realidade escatológica presente en el mundo, rechazan todo lo que hay en el mundo y viven su vida en la radical expectativa de la manifestación definitiva de Dios (cf. ALMEIDA, 2006, p. 20).
En las relaciónes internas a la comunidad, lo que caracteriza los cristianos es la radical hermandad/sororidad. La fé comun y la vida en comun son las expresiones concretas desta relación (cf. At 6,3; 1Cor 6,6).
En las comunidades hay carismas específicos recebidos por unos y otros y que son destinados a toda la comunidad. La diversidad de carisma, todavia, no crea en la comunidad cualquier especie de yerarquia. La diversidad de carismas genera servicio y comunión (cf. Rm 12; 1 Cor 12).
La fundamentación para la compreensión igualitaria de la comunidad cristiana es la superación, en Jesucristo, de la compreensión veterotestamentaria de la santidad/salvación y de la estruturación de la comunidad religiosa que resulta desta nueva compreensión .
En la compreensión levítico-sacerdotal, la santidad es constituída por la separación de todo lo que es del mundo. Toda la vida religiosa del pueblo de Israel, especialmente la que gira alrededor del templo, se construye a partir de las prescriciones legales y rituales que establecen lo que es puro e lo que es impuro. El Sumo Sacerdote es, al mismo tiempo, guardián y realización personal del ideal de pureza ritual y, en virtud desta posición, tiene la función de intermediador de la salvación entre Dios y la humanidad. El ofrece sacrificios puros en favor de los impuros que no pueden hacerlo.
Los demas miembros de la comunidad de Israel se definem por su relación con este “centro de pureza”. Quanto mas cerca del mediador, más cercano de la salvación; cuanto mas alejado del mediador, más alejado de la salvación.
La Encarnación del Hijo de Dios es la manifestación, en la persona de Jesus, de la voluntade, por parte de Dios, de superar la seperación entre Dios y el mundo e la declaración de que, para Dios, nada es impuro o indigno de salvación. La Resurrección de Jesus y, en su carne, de la carne de toda la humanidad, es el movimiento de divinización (unidad en Dios) de todo lo humano y, en la humanidad, de toda la creación (cf. Rm 8 19).
El cristianismo, nascido de raiz judia, se torna teologica e historicamente posible en la medida en que la comunidad de seguidores de Jesus logra romper con la barrera cultural, mental, legal, religiosa, social y cultual que separaba los judios de los otros pueblos y consigue compreender que toda la humanidad, independiente de su condición etnica, social o de genero, es digna de Dios y, delante de Él, tiene la misma sacralidad y posibilidad de salvación (At 10,15; Gal 3,28; 1 Cor 12,13).
En esta nueva comunidade en donde todos viven la misma experiencia de la unica y universal salvación en Jesucristo, yá no hay necesidad de mediadores entre Dios y la humanidad: Jesucristo es el único y definitivo mediador (1 Tim 2,5).
3.2 De la distinción carismática y ministerial a la Iglesia jerárquica y piramidal
La transformación de la distinción carismática y ministerial (pluralidad de carismas y ministérios en las Iglesias apostólicas) en estruturas funcionales e jerarquicas se introduce en la comunidad cristiana cuando esta deja de ser una comunidad escatoliga marginal en el Imperio Romano y pasa a asumir, en su manera de organizarse, las estruturas sociales y la compreensión religiosa imperial que les da fundamento:
Cesadas las persecuciones, distancianse cada vez mas los clerigos y los laicos que la expectativa del martirio aproximava. Afastado el martirio, el mismo ideal de vida cristiana se rebaja, desaciéndose aquella tensión entre ser y dever-ser, indispensable al crecimiento de las personas y al perfeccionamiento de las instituciones. La Iglesia, de cierta forma, se reconcilia con el mundo: el ‘mundo’ no mas persigue los cristianos; la religión cristiana es aceptada por el imperio, el cual no tardará en declararla religión oficial; el lugar dejado vago por los sacerdotes paganos es ahora ocupado con naturalidad por el sacerdote cristiano (ALMEIDA : 2006, 49).
La “virada constantiniana” es el punto simbólico deste cambio que, de hecho, es un processo historicamente mucho mas largo y estruturalmente complejo que yá empieza a ser elaborado en el inicio del siglo III de la era cristiana y alcanzará su plena expresión en el Decretum Gratiani (1140-1142) que distingue y opone clerigos y laicos estableciendo una diferenciación funcional que, en la elaboración teológica elaborada para justificarla, se vuelve ontológica y dogmática (cf. ALMEIDA : 2006, p. 42-55).
En términos practicos, el clero se apropria de forma excludente de la capacidad de producción de bienes religiosos (liturgia, sacramentos) y de la producción de significación religiosa (pregación y teologia).
En este contexto surge la categoria laico con el sentido de personas incapacitadas para la compreensión, la producción y expresión de bienes y significados religiosos y eclesiales.
Historicamente, la Vida Religiosa surge, como movimento monástico, en los siglos IV-V, como reacción a este pasage, o sea, a la asimilación, por parte del Imperio Romano, de la comunidad cristiana y la consecuente transformación de la Iglesia en una sociedad que copia los modelos y los valores de la sociedad imperial romana. En este sentido, el movimiento monástico quiere rescatar la dimensión profético-escatológica del cristianismo de una comunidad igualitária en la espera atenta del Reino de Dios.
En sus orígenes, la vida religiosa es predominantemente laica. Clerigos, en la vida monástica, son acceptados en la medida en que accepten la convivencia igualitária en la nueva comunidad escatológica. Es lo que espresa la Regla de San Benito (n. 60):
Si algún sacerdote pide ser admitido en el monasterio, no se lo acepte demasiado pronto. Pero si insiste firmemente en este pedido, sepa que tendrá que observar toda la disciplina de esta Regla, y que no se le mitigará nada, para que se cumpla lo que está escrito: "Amigo, ¿a qué has venido?". Permítasele, sin embargo, colocarse después del abad, y si éste se lo concede, puede bendecir y recitar las oraciones conclusivas. En caso contrario, de ningún modo se atreva a hacerlo, sabiendo que está sometido a la disciplina regular; antes bien, dé a todos ejemplos de humildad. Si se trata de ocupar un cargo en el monasterio, o de cualquier otra cosa, ocupe el lugar que le corresponde por su entrada al monasterio, y no el que se le concedió en atención al sacerdocio. Si algún clérigo, animado del mismo deseo, quiere incorporarse al monasterio, colóqueselo en un lugar intermedio, con tal que prometa también observar la Regla y la propia estabilidad.
Con el paso del tiempo, todavia, las contradicciones eclesiales y sociales terminan por penetrar en la misma Vida Religiosa y esta deja de ser un espacio alternativo de vida cristiana y termina por se identificar con el comun de la Iglesia y a reproducir, en su interior, las relaciones disimetricas entre clerigos y laicos.
Durante la Edad Media, el clero asume las funcciones directivas, no solo al interno de la Iglesia, pero tambien en muchos ambitos de la vida social. Nobles y letrados reaccionan a esta tentativa de dominación. Esta disputa entre clerigos y laicos, conocida como Querella de las Investiduras culminará en el Concordato de Worms (1122) y la imposición de la supremacia papal.
El hecho de la Iglesia asumir el poder temporal trajo consigo, para el interior de la Iglesia, toda una serie de tensiones y contradicciones proprios de la sociedad. Al intentar dominar el mundo, la Iglesia terminó por ser dominada por los valores del mundo que tanto combatia...
La Reforma Gregoriana, en el ansia de librar la Iglesia de los males del mundo que en ella se habian introducido, accentuará aun mas la distancia entre la Iglesia y el mundo y, por consecuencia, entre clerigos y laicos. Pero, una consecuencia todavia peor, de tanto proteger la Iglesia de la submisión de los laicos nobles, terminó por afastar y dominar ahun más a los laicos pobres .
Profundamente influenciada por el mivimiento monástico, la Reforma Gregoriana intentó tomar distancia tanto del clero corrupto como de los laicos nobles que intentavan imponer su poder sobre la Iglesia. En este contexto, la Vida Religiosa surge como un tercer cuerpo en la Iglesia (cf. ALMEIDA : 2006, 98). Los monges son colocadas, con o sin su consentimento, en medio a la turbulencia de la disputa del poder y las consecuencias que de esta disputa surgen.
En este contexto surgen los movimientos pauperistas que encuentran una de sus formas de expresión en las Ordenes Mendicantes: franciscanos, dominicanos y carmelitas. En el centro del sueño de los mendicantes está el añelo por un otro tipo de reforma en la Iglesia. Su sueño es el retorno a la originalidade pobre y marginal atraves del seguimiento literal del Evangelio. Nace allí la propuesta de una Vida Religiosa identificada con Cristo pobre en el servicio a los pobres. La igualdade entre todos los miembros – mismo que haya entre ellos cleigos y laicos - y el derecho a la pregación son las grandes reivindicaciones destas nuevas formas de Vida Religiosa.
La imposibilidade o incapacidad de realizar el “retorno al Evangelio” y, para que eso sea posible, las necesarias reformas en la Iglesia van llevar a la ruptura en la Iglesia de Occidente. Ruptura que está en las origenes de las Iglesias de la Reforma y, atraves del Concilio de Trento, a la afirmación de la Iglesia Católica Romana. Además de las questiones dogmáticas levantadas por Lutero, las questiones disciplinares referentes a la posición del clero y de los laicos en la Iglesia estão entre los puntos que llevarán a esta ruptura.
Las Iglesias surgidas de la Reforma, en su mayoria, seguirán el camino de la dilución y hasta mismo de la negación de cualquier diferenciación entre clerigos y laicos. En la Iglesia Catolica Romana, el Concílio de Trento y las legislaciones de el derivadas accentuarán la diferenciación y el distanciamiento entre clerigos y laicos y la submisión de estos a aquellos .
La creación de seminários para la formación del clero tiene como finalidad formar cuadros directivos altamente especializados, lejos de la corrupción y de las tentaciones del mundo y de los hombres y mujeres – especialmente estas! – comunes, ignorantes y tentadoras. La mayor parte de las ordenes y congregaciones religiosas masculinas, olvidan que forma propria de formación y adoptan el modelo seminarístico y reproduzen el modelo clerical de formación.
Después del Concílio de Trento surgieron una cantidad significativa de congregaciones religiosas – masculinas y femininas (clericales, laicales o mistas) – que se identificarán no tanto por un estilo de vida, sino por una misión específica. Una característica casi que general de estas nuevas congregaciones es el hecho de seren vistas – y, en la mayoria de los casos, asumen esta identidad – como una forma de presencial de la Iglesia en una realidad marginal o excluída del proceso de modernización capitalista – comercial, agrícola e industrial – de la sociedad occidental. Para esto, surrayase la necesidade de obediencia de las congregaciones a la autoridad eclesiastica (papa y obispos).
Hay el caso también de congregaciones clericales que hacen surgir a su lado congregaciones femininas (el brazo feminino de tal congregación masculina...) o, entonces, asociaciones de laicos que ejecutan tareas de apoyo a las congregaciones clericales. Las Ordenes Terceras son encuadradas dentro de estas configuraciones.
El Concilio Vaticano I es el punto de exacerbación, através de la doctrina de la infalibilidad papal, del modelo eclesiológico de centralización clerical excludente que sustenta este orden de cosas.
La reacción, en la sociedad, a la clericalización excludente de la Iglesia, es el surgimiento del laicismo: una sociedad y una cultura que se organizan prescindiendo de la presencia de la Iglesia y, por una equivoca asimilación entre Iglesia y Dios, acaba prescindiendo del mismo Dios. Este, cuando mantido en el discurso, tornase apenas una entidad impersonal que en nada se interesa por el mundo y por la humanidad (deísmo). Puedese asi afirmar que el laicismo es una reacción patologica a una configuracion esquizofrenica de una Iglesia que no mas logra reconciliarse con el mundo y que, al interno de si misma, tiene dificultad en reconstruir una relación harmoniosa y cooperante entre clerigos y laicos (cf. TAMAYO, 2009).
3.3 El Vaticano II y la tentativa de volver a dialogar con el mundo moderno
La renovación de la Iglesia de la cual el Concilio Vaticano II es la expresión mayor, intentará traduzir el deseo de una Iglesia Católica Romana en dialogo con la modernidad y en la cual todos los cristianos sean participantes y miembros activos. La tarea de renovación conciliar se quedó, todavia, en medio camino. La tensión de las distintas y hasta contradictorias fuerzas eclesiales presentes en la Asamblea Conciliar hizo con que dos eclesiologias aparezcan en los textos conciliares. Por un lado está la eclesiologia de la Iglesia Pueblo de Dios (LG 1-17). Por otro, una eclesiologia que parte de la compreensión hierarquica de la Iglesia (LG 18-38). Son dos modos de compreender la Iglesia que, mismo sin seren mutuamente excludentes, revelan diversas sensibilidades eclesiologicas.
Como decíamos anteriormente, la razón de la manutención de estas dupla eclesiologia es la incapacidad de superar definitivamente – como se habia propuesto el Concilio – la dicotomia Iglesia-mundo y pasar a pensar la presencia de la Iglesia en el mundo a partir de los paradigmas de la Encarnación y de la Resurrección. O sea, asumir radicalmente la compreensión cristiana de salvación y sus consequencias eclesiológicas y, en el modo de pensar la Iglesia, los ministérios.
La incapacidad de superación definitiva de la dicotomia Iglesia-mundo se refleja, por su vez, en la permanencia de la dicotomia clerigos-laicos en la Iglesia. Mientras los primeros se ocupan de las realidades espirituales que dicen respeto a la misión religiosa al interno de la Iglesia, los laicos (mismo la teologia conciliar y postconciliar raramente habla de laicas!...) se ocupan de las realidades temporales externas a la Iglesia (cf. LG 31).
Juan Pablo II, en la Exortación Postsinodal Christifidelis Laici (n. 9), retoma Lúmen Gentium y explicita que la misión de los laicos es el mundo:
Al dar una respuesta al interrogante «quiénes son los fieles laicos», el Concilio, superando interpretaciones precedentes y prevalentemente negativas, se abrió a una visión decididamente positiva, y ha manifestado su intención fundamental al afirmar la plena pertenencia de los fieles laicos a la Iglesia y a su misterio, y el carácter peculiar de su vocación, que tiene en modo especial la finalidad de «buscar el Reino de Dios tratando las realidades temporales y ordenándolas según Dios». «Con el nombre de laicos —así los describe la Constitución Lumen gentium— se designan aquí todos los fieles cristianos a excepción de los miembros del orden sagrado y los del estado religioso sancionado por la Iglesia; es decir, los fieles que, en cuanto incorporados a Cristo por el Bautismo, integrados al Pueblo de Dios y hechos partícipes a su modo del oficio sacerdotal, profético y real de Cristo, ejercen en la Iglesia y en el mundo la misión de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos les corresponde».
Mismo que pase a hacer un discurso positivo en relación a los laicos, permanece la división de trabajo religioso entre los cristianos. Hay como que una “especialización de tareas” en el actuar cristiano. Los clerigos se ocupan de las cosas sagradas y los laicos se ocupan de las cosas del mundo como se, para Dios, las cosas del mundo no fueran, por el hecho de la Creación, por la Encarnación y Resurrección, yá puestas en el ámbito de la salvación.Practicamente todos los documentos de la Iglesia – tanto de la Iglesia Universal como de las Iglesias locales – permanecen dentro de este paradigma eclesiológico .
La Vida Religiosa, como todos lo sentimos, sufre las consequencias de esta incompleta reformulación soteriológico y eclesiológica. La Vida Religiosa feminina, mismo siendo la más numerosa y la que, muchas vezes, sustenta el labor cotidiano de la Iglesia, por su condición laical, continua excluída de las funciones clericales y, por consecuencia, de toda posibilidad de protagonismo eclesial.
La Vida Religiosa masculina tambien sufre en si las consequencias desta eclesiologia dual. Por un lado, por la asimilación de la Vida Religiosa masculina a la función clerical, la vocación de religioso laico termina por ser vista como una “vocación menor” o no completamente realizada. Son religiosos “solo hermanos”!... Por otro lado, mismo gozando de una cierta libertad en su campo específico de actuación (salud, educación, asistencia social...), están siempre sob la posibilidad de teren su vida y sus proyectos supervisionados por una autoridad externa.
Las Ordenes y Congregaciones Religiosas masculinas – en donde hay clerigos y laicos – además de viviren sob la misma autoridad clerical, sufren todavia más por viviren en su interior la disimetria resultante de la disparidad entre clerigos y laicos. Disparidad de la cual la imposibilidad de un laico asumir una función de superior mayor es apenas una – y con certeza la menos importante - de las manifestaciones.
Volver a tomar en serio la compreensión cristiana de Salvación y sus consequencias en la Eclesiologia y, dentro de la Eclesiologia, en la compreensión de los ministérios, es un paso necesário para poder resgatar, tanto en la vida de la Iglesia como en la sociedad, la identidad de la VR quitándola del eje verticular de la jerarquia y poniéndola en su verdadero lugar, el de los carismas en la Iglesia. Y más: esto será consecuencia de la superación de la división entre Iglesia y mundo y su consecuencias, la división entre clérigos y laicos, de modo que no ya no haya religiosos clerigos y religiosos laicos, sino, simplemente, religiosos que sirvan a Dios, al mundo y a la Iglesia conforme el carisma y ministerio que Dios conceda a cada uno.
Esto nos hará bien no solo a nosotros, sino a toda la Iglesia que sufre para volver a reconstituirse como una comunidad de iguales en Jesucristo (cf. FIORENZA, 1995).
4. El paradigma trinitário como posibilidad de reconstrucción de las identidades en la VR
La identidad de todo cristiano y toda cristiana tiene, desde el punto de vista de la fé, necesariamente, como su eje articulador, el ser del Dios en el cual creemos. De este modo, nuestro paradigma para pensar la identidad no puede ser distinto del que fundamenta la experiência cristina: el Ser del Dios Trinidad.
En el Ser de Dios, cada una de las personas - el Padre, el Hijo y el Espírito – tiene su identidad al darse plenamente a los Otros y, en el mismo movimiento, reciprocamente, recibir totalmente el ser de los Otros. Es lo que en teologia se llama pericoresis trinitária .
O sea, el modo de ser del Dios-Trinidad nos enseña que la identidad no la construye uno mirándose a si mismo, sino que siempre la construcción de la identidade es algo relacional. En otras palavras, somos capaces de construir nuestra identidade en la medida en que miramos, interpelamos e interactuamos con los otros y otras y nos dejamos por ellos y ellas mirar, interpelar y provocar a la acción.
Como entonces, a partir de este paradigma trinitário pericoretico, rescatar nuestra identidad de religiosos hermanos en la Iglesia y la sociedad de América Latina y Caribe?
Como lo acabamos de decir, con certeza no lo lograremos si nos quedamos mirandonos a nosotros mismos en una labor narcisística...
Es a partir de un análisis de nuestras relaciones con los otros modos de ser – tanto en la Vida Religiosa, como en la Iglesia y en la sociedad buscando percibir como sentimos los otros y las otras – hombres, mujeres, indígenas, afro-descendientes, niños, jovenes, adultos, ancianos, campesinos, habitantes de las grandes ciudades y barriadas... - y como ellos y ellas nos sientem; como su modo distinto de ser nos interpela y como nuestro ser religioso laico los y las interpela; como actuamos en dirección a ellos y ellas y como nos dejamos afectar por su acción sobre nosotros que podremos sentir, pensar y actuar nuestra identidad de religiosos hermanos.
4.1 La construcción de las identidades en la VR y en las relaciones eclesiales
Hasta hace poco tiempo, cada Congregación u Orden era casi siempre un mundo a parte que no se mesclava con las otras Congregaciones y Ordenes. Lejania que, en vezes, se volvia competencia, sea por mostrarse más importante que los otros delante de la Iglesia y de la sociedade, sea para angariar vocaciones y clientes para las obras educativas, de salud o sociales.
En los últimos tiempos estamos intentando caminar por los senderos de la intercongregacionalidad. En veces, en estos tiempos de crisis y escasez de vocaciones y recursos, se hace intercongregacionalidad premidos por la necesidad... pero, puede ser que, como dice el dicho popular, “de las mas bajas intenciones, vienen los mejores resultados”!
Y al ponermonos lado a lado con hermanos y hermanas de diferentes congregaciones vamos percibiendo la riqueza de la variedad de carismas y, al mirar que los otros y otras son diferentes de nosotros, vamos redescubrindo nuestas identidades en la vuelta a las fuentes y actualización de los carismas proprios.
Los mismo pasa en las relaciones eclesiales. Es analisando nuestros sentimientos, nuestras interpelaciones y nuestra acción en relación a los otros componentes del cuerpo eclesial – clérigos de diversos niveles, laicos y laicas en sus diversos modos de ser y status eclesial, cristianos y cristianas de otras confesiones eclesiales y hasta mismo de otras religiones y gente que no tiene un referencial religioso – e intentando percibir el modo como ellos y ellas nos sientem, nos interpelam y actuan sobre nosostros, que vamos construyendo nuestra identidade de religiosos laicos en la Iglesia.
En esta convivencia vamos percibiendo la riqueza pero tambien lo tenso y en vezes doloroso de las relaciones eclesiales. Tensiones y sufrimientos que no pueden ser obviados, pero asumidos con clareza y conciencia cristiana para que puedan ser llevados a la superación. Es en esas relaciones que somos formados y vamos reconstruyendo nuestas identidades. En medio a todo eso vamos descubriendo el lugar que nos cabe en la vida real de la Iglesia y, en ella, como son nuestras relaciones con los otros y otras. Y, lo que es más importante, vamos reflexionando sobre esas relaciones y en como adequarlas cada vez más al paradigma trinitario.
Y, como vimos anteriormente, la Iglesia, en tanto que institución humana, todavia vive relaciones disimetricas en donde unos pueden e valen más, mientras otros ‘no pueden’ y valen menos. Las razones para esto son varias: historicas, sociologicas, culturales, de genero, sexo, raza, edad... Mismo siendo esta situación contraria a la voluntad divina de una Igleisa-comunidad-de-iguales, siempre hay alguna formaulación teológica que la sustenta, dado que la teologia es, como toda otra ciencia, una construcción humana condicionada por quien la hace.
Para ayudarnos a compreender las disimetrias en la Iglesia y el lugar en donde nosotros somos ubicados, hacemos una adaptación de de un esquema eclesiológico elaborado por E. S. Fiorenza .

En este esquema piramidal que retrata lo que la autora llama el Modelo Romano Constantiniano Patriarcal de Iglesia vemos que la Vida Religiosa feminina y los religiosos varones se encuentran en una situación muy semejante. Ellos están ubicados en un territorio intermediário de la Iglesia en donde se mesclan submisión y dominación. Para usar una imagem, podríamos decir que se encuentran en una “Tierra de Nadie” o, en una figura teológica, “en el limbo”.
Las Religiosas, en este paradigma de Iglesia, tienen una doble submisión. Por su condición de mujeres, se encuentran submisas a los varones. Por su condición laical, se encuetran inferiormente ubicadas en relación a los varones clérigos. Pero, por su condición de vírgenes, tienen un lugar privilegiado en relación a las otras mujeres. Primeiro en relación a las mujeres esposas y madres y, con mucha más distancia, en relación a las mujeres no-casadas, madres solteras, separadas, lésbicas, prostitutas y otros mujeres marginadas...
Los religiosos laicos, por su vez, por su condición masculina y por su celibato, estamos en una posición privilegiada en relación a todo tipo de mujer, incluso a las religiosas. Pero, por nuestra condición laical, estamos inferiormente situados en relación a los clérigos, sean estos del clero secular o Religiosos y hasta mismo en relación a nuestros hermanos de congregación, en el caso de los religiosos laicos que vivimos en congregaciones mistas.
Como se puede ver en ese esquema, en la Iglesia hay sectores que viven en una situación de deficit de ciudadania eclesial. Por uno u otro factor no pueden vivir activa y plenamente toda su pertenência al Pueblo de Dios. Allí están los laicos, varones o mujeres y, entre estas, las religiosas, los negros y negras y pueblos indígenas, los separados y separadas, las parejas en situación irregular delante del Derecho Canónico, las madres solteras, los y las homosexuales, los y las que pertenecen a otras iglesias cristianas, etc.
Es en la relación con estos sectores marginales en la Iglesia que los religiosos laicos podremos (re)construir nuestra identidad que nos permita ser, en este continente y en estas islas, una presencia mistico-profética de un nuevo modo de ser Iglesia. Una Iglesia que yá no se piense jerarquicamente sino de modo fraterno/sororal y igualitário en donde la diferencia de carismas y ministérios sirva para la edificación de todo el cuerpo eclesial y, en el, de los más debiles (1Cor 12,23).
Un nuevo modo de Iglesia que podria ser asi representado:

4.2 La construcción de las identidades en las relaciones sociales
Hay una otra dimensión que no puede ser olvidada: la de las relaciones sociales. Como siempre es bueno recordar, ni la Iglesia ni la VR se dán fuera del mundo. Bien o mal, siempre estamos insertados en una realidad social, en ella somos y con ella interactuamos. Mismo que intentemos alejarnos de la sociedad y romper con ella toda relación, seguiremos siendo simbolicamente funcionales o disfuncionales a ella.
Realidad que siempre es muy compleja y, casi siempre, también es conflictuosa. En ella hay muchos actores con diferentes identidades e distintos y hasta mismo contradictorios intereses.
Encuanto religiosos laicos, nuestra identidad tambien se construye en el modo como sentimos, interpelamos e actuamos sobre los diferentes actores y actrices sociales y como acogemos los sentimientos, interpelaciones y acciones de estos mismos actores y actrices sociales.
Historicamente la Vida Religiosa, tanto en su primeira configuración en la vida monástica como en la segunda, la vida religiosa mendicante y en la tercera, la vida religiosa misionera que surge en la modernidad, siempre surgió y construyó su identidad en la aproximación a los grupos sociales y eclesiales marginados en sus respectivos momentos históricos .
Con el tiempo, todavia, tanto las ordenes religiosas del primer y segundo ciclo como las congregaciones del tercer ciclo, establecieran relaciones privilegiadas con los grupos sociales intermédios y superiores de la sociedad y, en estas relaciones, reconstruieram su identidad y se ubicaron en un nuevo local social, en la mayoria distante de los pobres y excluídos de la sociedad. La clericalización de la VR fué, al mismo tiempo, causa y consecuéncia inevitable de esta dislocación eclesial y social.
Los religiosos laicos, por su situación de marginalidad tanto en la Iglesia como en la sociedade, fueron, en muchos casos, los que mantuvieron los lazos y las relaciones con los setores eclesiales y sociales marginados.
En el período post-conciliar, en la dinámica de inserción de la Vida Religiosa, religiosos y religiosas, en América Latina y Caribe, reataram relaciones con con los setores populares marginales y, como vimos acima, empezaron a reconstruir sus plurales identidades en la unidade de la VR.
Al lado de las religiosas que fueran, sin sombra de duda, las pioneras y las más radicales en este processo, los religiosos laicos tuvieron también una presencia significativa. Su presencia solidária y activa en las luchas de los campesinos, indígenas, negros, sin-tierra, sin-techo, moradores dela calle, drogadictos, migrantes... hicieron con que empezasem a serem vistos con otros ojos – buenos por el lado de los pobres y malos por el lado de los ricos – y así se empezara a construir una otra identidad de la VR en AL y Caribe.
Fué un proceso de una minoria profética, pero que, creemos, señala el camino por donde tenemos que seguir y profundizar si queremos (re)construir la identidade de la VR y de la VR laical que nos ponga otra vez en los senderos de las origenes de este modo de ser en la Iglesia.
5. Para ir terminando...
Tiempos de crisis son siempre tiempos de oportunidad. La crisis en la identidad de la VR y, en lo que aqui nos interesa, de la VR laical, es una rica oportunidad para la reconstrucción de identidades.
El trabajo teórico, en nuestro caso, teológico, es siempre importante en este momento. Tenemos que, a partir de nuestra condición laical, reproponer las grandes cuestiones teológicas. Sea para liberar la teologia (cf. SEGUNDO, 1978) de las amarras que le fueran puestas. Sea para rescatar viejos paradigmas teologicos que nos permitan viver la originalidad de la propuesta de Jesus.
Seguiendo lo acima propuesto y pensandolo a partir de la rica tradición de la VR en AL y Caribe en lo que le es mas característico, la opción preferencial por los pobres y la lucha contra todo forma de pobreza y muerte, miramos que la reconstrucción de la identidade de la VR masculina laical puede dar-se sobre dos ejes: en la aproximación, diálogo y cooperación con los sectores marginados en la Iglesia y en el diálogo con los setores marginados en la sociedad.
______________________Vanildo Luiz Zugno, OFMCap – Brasil