
1. Cambios que exigem la reconstrucción de identidades
La Vida Religiosa en América Latina y Caribe, a raiz de los cambios e inquietaciones que resultaron en el Concílio Vaticano II y, en América Latina y Caribe, en la Conferencia de Medellín y las subsequentes Conferencias Episcopales del Celam, está pasando por un profundo, bonito y, por que no?, muchas vezes, sufrido proceso de redescubierta de su identidad.
Proceso que incluye un momento negativo – talvez el más doloroso - de de-construcción de una determinada identidade, espiritualidad y misión que yá no respondem a las nuevas realidades vividas en la región. Y, lo que hace la tarea mas dificil, al mismo tiempo, intentar la construcción de una nueva compreensión de los mismos. Y casi siempre sob la presión de la urgencia de los tiempos y de las situaciones... Tarea que, mismo habiendo empezado antes del proprio Concílio, todavia está a camino y, como todo proceso, si no bien conducido o no empujado con el devido vigor, puede correr el riesgo de retrocesso.
En este proceso, al poner-se a camino junto con la Iglesia que yá no se compreende en oposición, sino en diálogo con la sociedad, la VR se dió cuenta que yá no podía seguir viviendo como una eclesíola o secta a parte y que, dentro del mundo que le tocaba vivier y dentro de la catolicidad de la Iglesia, tenia su contribucion específica a dar encuanto VR.
Caminar en Iglesia permitió a la VR redescubrir, además de lo próprio de la VR, también la gran diversidad de carismas y la riqueza que cada uno de ellos, en el diálogo con los otros, podría aportar al conjunto de la VR y a la Iglesia.
Por otra parte, al insertar-se en la sociedade y, en ella, tomar parte en las luchas del pueblo pobre por liberación, la VR también redescubrió su dimensión místico-profética y la necesidad, para concretarla, de desacerse de estructuras, modos de vida, esquemas mentales, teologías, espiritualidades... que, en la realidad concreta del Continente y Caribe, yá no eran señal de la presencia del Reino de Dios.
Las luchas de los pueblos negros e indígenas provocaran a religiosos y religiosas que traían en su cuerpo - muchas vezes de modo inconciente o ocultado - las marcas de los quinientos años de un mestizaje forzado, a redescubirse como afroamericanos/as o hijos e hijas de los pueblos originários destas tierras y, a partir desta conciencia, ponerse a rescatar la cultura y los derechos a la sobrevivencia de estos pueblos y, por consecuencia, tambien su derecho de expresar su fé cristiana con el modo y contenido que les es proprio.
La proximidad con las mujeres del pueblo y sus luchas provocó a las Religiosas – el grupo más significativo en la VR - a repensar su própria condición de mujeres en la Iglesia y en la sociedad y a comprometerse a superar las estruturas machistas tanto en el ambito de la misma VR, de la Iglesia como en la sociedad.
El Concílio Vaticano II, al repensar el ser de la Iglesia, también llamó la atención y rescató la plena eclesialidad de los laicos y laicas. Reconoció su entera condición cristiana a partir de la teologia del bautismo, su plena ciudadania eclesial por la participación en los consejos en los distintos niveles eclesiales bien como en la misión de la Iglesia en el mundo.
En este contexto de cambios muy rapidos y profundos que ni siempre tuvimos el tiempo, coragem o fuerzas para asimilarlos, la Vida Religiosa, así como la Iglesia, nos dimos cuenta que, al demás de sermos humanos y cristianos, concretamente somos varones, mujeres, blancos y blancas, negros y negras, índios e indias, clérigos y laicos... y que tenemos necesidad de, en las nuevas circunstancias eclesiales y sociales, reconstruir nuestra identidade.
Cuanto a la Vida Religiosa, nos dimos cuenta que somos mujeres y hombres – y para muchos eso fué una surpresa y, en algunos casos, hasta mismo un trauma! Y que, por eso, hay una vida religiosa feminina y una vida religiosa masculina. Y que, entre los religiosos varones, hay clérigos y hay laicos.
Y nos dimos también cuenta que hay religiosos laicos viviendo en congregaciones exclusivamente laicales y otros viviendo en congregaciones en donde también hay clerigos... Y que esas dos situaciones concretas, en el repensar de la identidade de los religiosos laicos, hace una gran diferencia!
En suma, no hay apenas una identidad, una espiritualidad y una misión a reconstruir, sino multiplas identidades, espiritualidades y múltiples compreensiones de la misión, pués, la VR, mismo siendo una, se presenta cada vez más plural, multiforme y multicolorida...
La CLAR, en sus cincuenta años, se constituyó en espácio privilegiado para la mutua ayuda, el compartir, el reflexionar y el soñar con un futuro místico-profético de la Vida Religiosa en el Continente. En este trienio que completa su 50 aniversário, entre las diversas actividades para conmemorar la fecha, está una serie de Seminarios de los cuales el de Religiosos Hermanos es el que cierra el ciclo. Tivimos el Seminario de Religiosos/as Afro-descendientes, Indígenas, Insertos/as en Medios Populares, de Educación y de Bioética. Las temáticas tratadas son viejas conocidas de la Vida Religiosa. Pero, los cambios en la vida de nuestros pueblos y de nuestra Iglesia exigen que sean replanteadas para que nuestro futuro no se resuma a un “museo de grandes novedades”.
La cuestión que nos fué propuesta para este Seminário que aqui nos reúne es: identidad, espiritualidad y misión de los hermanos religiosos. Nos detendremos aqui apenas en el primer punto, o sea, la identidad de los hermanos religiosos. Es en el ambito de este diálogo de hermanos que este seminário quiere ser, que ofrecemos estas reflexiones en la esperanza de que nos ayuden a caminar en la fidelidad a nuestras vocaciones y al Reino. Lo hacemos desde nuestra perspectiva personal que es la de un hermano viviendo en un Orden Religioso mixto en donde la mayoria de sus miembros son clerigos . Esto, tenemos clara conciencia, marcará nuestra reflexión que, sin dejar de ser muy particular, quiere ponerse en diálogo con otras experiencias.
2. Ubicando los Hermanos Religiosos en la Iglesia
Para empezar, hay que decir que los hermanos religiosos somos una ínfima minoria en la VR y que esta, por su vez, representa un numero casi que insignificante dentro del todo del cristianismo. En la Iglesia Católica Romana, la VR representa algo en torno al 0,12%. Si miramos la composición de la VR, mas o menos 70% es de Religiosas. Los Religiosos varones completan los otros 30% dividiendose en 18% de clerigos y 12% de hermanos .
Estamos hablando de un pequeño grupo (los hermanos religiosos) dentro de un otro pequeño grupo (los religiosos varones) en un grupo un poquito más grande (la Vida Religiosa de varones y mujeres) dentro de una Iglesia (la Católica Romana) que es apenas una entre otras tantas Iglesias cristianas...
La conciencia de la pequeñez numérica, todavia, no puede poner la cuestión de la significancia teológica. Delante de Dios, no es el número lo que hace la importancia, sino la fidelidad a El y a su proyecto. Sin la pretensión de querer asumir la figura del “resto de Israel” (Jr 31,7), tenemos la conciencia de que, si Dios mantuvo en su Iglesia esta forma de vida, ella es importante y es un llamado de Dios y camino de santidad.
Es lo que expresa el Vaticano II en Perfectae Caritatis, 10:
La vida religiosa laical de hombres o mujeres, constituye en sí un estado completo de profesión de los consejos evangélicos, por lo cual, apreciándola mucho el sagrado Concilio, por ser tan útil a la función pastoral de la Iglesia, en la educación de la juventud, en la asistencia a los enfermos y en otros ministerios, confirma a los miembros en su vocación y los exhorta a acomodar su vida a las exigencias modernas.
Todavia, segun la Unión de Superiores Generales (apud CIARDI, p.135)
Vinte años después del termino del Concilio, la Vida Religiosa laica masculina permanece no compreendida por la opinión publica e no es valorizada em la Iglesia, tambien por los sacerdotes y um cierto numero de obispos. La vocación religiosa de los hermanos es evaluada como vocación de segunda categoria, de menor importância. Esta permanece desconocida y muchas veces marginada, vista negativamente.
A que se debe eso? Nuestra intuición es que, como lo señalan los Superiores Mayores, hay un problema de lenguage – lo laical - que manifiesta un problema sociológico (la opinión pública) y un problema eclesial. Con efecto, el significado de las palavras no nace de la nada, sino que se construye a partir de las vivencias. Por tras de las palavras, hay un problema sobre el sentido de la vida cristiana y por eso podemos afirmar que hay tambien un problema teológico, siendo la Teologia el campo del saber que busca compreender la vida de fé.
La palabra laico, en casi todos los idiomas, viene cargado con un sentido negativo. Es asociado a lego, el que es falto de instrucción en una materia determinada. O entonces es entendido como ajeno a la religión y, en muchos casos, anti-eclesiastico, el que es contra la Iglesia. Asi que, para alguien asumirse como laico, en una sociedad marcada por lo religioso y eclesial, como lo es la latinoamericana, sin que eso sea visto como negativo, tiene que dar un montón de explicaciones...
En el ambiente religioso, si le perguntamos a la gran mayoria de los catolicos romanos “que es un laico?”, la respuesta será, casi siempre, una respuesta en forma negativa: el que nos es cura, el no-clerigo. O sea, ser laico es una negación, una deficiencia, un ser menos en relación a los clérigos. Eso es realidad mismo entre nosotros religiosos y religiosas cuando tenemos dificultad o hasta nos oponemos a decir “religiosos laicos” y preferimos decir “hermanos religiosos”. Extraño, pués el proprio Concilio, como vimos en Perfectae Caritatis, n. 10, habla tranquilamente de vida religiosa laical!...
El Vaticano II, especialmente en la Constitución Dogmatica Lumen Gentium, hizo un gran esfuerzo para rescatar la compreensión de la Iglesia Pueblo de Dios en donde todos, por su pertenencia a ese Pueblo señalada por el Bautismo, participan del Pueblo Sacerdotal (LG 10-11), profético (LG 12) e régio (LG 25-27 e 34-36). Es el sacerdocio comun de los fieles (LG 10) que hace con que todos los cristianos tengamos la misma dignidad delante de Dios.
La Iglesia, todavia, segun el mismo Concilio, encuanto comunidad humana, es tambien una “sociedad hierarquicamente organizada” (LG 8) en donde hay una porción que tiene la misión de governar (el clero, principalmente los obispos: cf. LG 6;8;14 etc) y la que deve ser governada (los laicos: cf. LG 37).
Estes, los laicos, son definidos por el Concilio de dos maneras. Primero dice lo que ellos no son y después lo que ellos son:
Por laicos entiendese aqui todos los cristianos que no son miembros de la sagrada Orden o de un estado religioso reconocido por la Iglesia, o sea, los fieles que, incorporados a Cristo por el Bautismo, constituídos en Pueblo de Dios y tornados participes, a su modo, de la función sacerdotal, profética y regia de Cristo, exercen, en lo que les toca, la misión de todo el Pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo” (LG 31).
Por esta afirmación de LG (y por su estrutura como un todo) se podria entender que en la Iglesia hay tres tres tipos de personas (estados): el de los clerigos, el de los/as religiosos/as y el de los/as laicos/as.
Pero, en seguida, al definir lo que es la VR, el mismo Concilio dice que
Teniendo en cuenta la constitución divina hierárquica de la Iglesia, este estado no es intermedio entre la condición del clero y la condición seglar; de ésta y de aquélla Dios llama a algunos fieles para gozar un don particular en la vida de la Iglesia, con el que contribuir, cada uno según su modo, a la misión salvadora de ésta” (LG 43).
Parece aqui decir el Concilio que en la Iglesia hay solamento dos estados: el de los clérigos y el de los/as laicos/as. La VR seria compuesta así por personas de los dos estados, no constituyendo, entonces, un estado particular.
Al analisar estes textos, algunos se posicionan más por LG 31 y accentuan la proximidad de la VR con los clérigos y su distancia de los laicos. El extremo de esta posición llega a la asimilación de la VR masculina al Orden Clerical e a la clericalización de las religiosas que pasan a ser vistas como medio curas. Otros accentuan la dimensión laical de la VR con el intento de aproximarla de los laicos y de las tentativas de superación del clericalismo en la Iglesia. Otros intentan harmonizar las dos afirmaciones. Es el caso de Ciardi (1994, p. 137) cuando dice que
En la Iglesia existe uma dupla acepción de la palavra ‘laico’, con base en una dupla distinción. Existe la distinción entre laicos y clerigos cn base en los ministerios ordenados: es una distinción que podríamos llamar de vertical. Es un criterio de distinción que hallamos em el âmbito de um mismo Instituto, en donde hay laicos y presbíteros. Todavia esto no es suficiente para definir el ‘religiosos laico’. Hay um outro critério de distinción en el Pueblo de Dios, entre laicos y religiosos, basado em una vocación específica a um particular carisma: es uma distinción que podríamos llamar de horizontal. À la vida religiosa adieren personas provenientes de ambas las condiciones yá dadas por el primer critério de distinción: laicos e clérigos. Y el hermano religioso por el hecho de poseer una vocación para el seguimiento y para la consagración distinguese, como persona consagrada, de los laicos. Basado en este segundo criterio de distinción, los hermanos religiosos no pueden ser definidos como laicos.
La limitación de la afirmación se torna evidente al intentermos aplicar la misma lógica a los religiosos clérigos y al intentarmos decir, parafraseando el autor, que “los religiosos clerigos no puedem ser definidos como clerigos”. Com certeza nadie se atreve a eso hoy dia en la Iglesia Católica... O entonces, asumir con todas las palabras, que la condición laical no es una “vocación específica” ni constituy un “particular carisma” en la Iglesia .
El Derecho Canônico, al intentar aplicar el Concílio a la normativa de la vida cristiana, al hablar de la composición de la Iglesia, asi se expresa:
207 § 1. Por institución divina, entre los fieles hay en la Iglesia ministros sagrados, que en el derecho se denominan también clérigos; los demás se denominan laicos.
Luego em seguida, en el segundo parrafo del mismo numero esclarece la naturaleza de la VR:
§ 2. En estos dos grupos hay fieles que, por la profesión de los consejos evangélicos mediante votos u otros vínculos sagrados, reconocidos y sancionados por la Iglesia, se consagran a Dios según la manera peculiar que les es propia y contribuyen a la misión salvífica de la Iglesia; su estado, aunque no afecta a la estructura jerárquica de la Iglesia, pertenece, sin embargo, a la vida y santidad de la misma.
Luego,
588 § 1. El estado de vida consagrada, por su naturaleza, no es ni clerical ni laical.
§ 2. Se llama instituto clerical aquel que, atendiendo al fin o propósito querido por su fundador o por tradición legítima, se halla bajo la dirección de clérigos, asume el ejercicio del orden sagrado y está reconocido como tal por la autoridad de la Iglesia.
§ 3. Se denomina instituto laical aquel que, reconocido como tal por la autoridad de la Iglesia, en virtud de su naturaleza, índole y fin, tiene una función propia determinada por el fundador o por tradición legítima que no incluye el ejercicio del orden sagrado.
Seguiendo Matos (2000, p. 56), podemos decir que hay, en la forma como se organiza la Igleisa católica romana hoy, hay dos tipos de laicos. Los laicos tout court, o sea, “los fieles batizados que viven normalmente imersos em las realidades seculares de la família y del trabajo” y los “laicos consagrados em sus diversas modalidades existenciales”. Cuando hablamos de religiosos laicos “nos referimos a um hombre consagrado que conserva su estado laical siendo miembro de um Instituto de Vida Consagrada ‘enteramente laical’ o de um Instituto reconocido canonicamente como clerical”.
Lo mismo se podria decir de los clérigos. Hay clérigos tout court y hay clerigos que pertenecen a un instituto religioso. Aquellos son los llamados clerigos seglares y estos son los religiosos clerigos. Asi nos parece que las cosas queden bien mas claras y bien mas cercanas a la realidad de la vida en la Iglesia y, en ella, de los religiosos.
La Vida Religiosa, en sus origenes, tanto historicas como teologicas, es eminentemente laical. Hoy dia, numericamente, la mayor parte de la Vida Religiosa continua siendo laical. Por que entonces tenemos que ponermos, los varones religiosos que optamos por mantener nuestra condición laical, la question de la identidad, espiritualidad y misión de los religiosos laicos? Y por que en veces hasta hay un mal estar, tanto en nosotros como en los que nos oyen, que nos llamemos, con las palavras del mismo Concilio (cf. PC, n. 10), de religiosos laicos?
Intentaremos, en lo que sigue, apuntar algunas razones teológicas por las cuales llegamos a esta situación. Más do que exaustivas, quieren ser reflexiones indicativas y que nos pongan a pensar, tanto a nosotros como al todo de la VR y de la Iglesia en la cual vivimos.
3. Teologia del sacerdocio y ministerios eclesiales
Segun Clodovis Boff (1994, p. 581) hay dos razones que hacen con que la vida religiosa masculina laical sea preterida em favor de la clerical: “las necesidades pastorales, especialmenten misioneras, que obligan a lanzar mano de la VR o la empujan a la ordenación” y “la importancia del culto liturgico en la VR, especialmente las ‘ordenaciones absolutas’, o sea, no destinadas a una Comunidad, pero ad missam, o sea, à la celebración de las ‘misas privadas’”.
Dando por supuesto que la VR es un valor en si y que, por consecuencia, no puede ser vista apenas a partir de la misión; y que la misión de los hermanos religiosos es tán importante quanto a la de los hermanos clerigos, queremos detenernos en el segundo punto por el señalado de que, “tanto en un caso como el otro, juega fuertemente una concepción particular (hoy discutible) de sacerdocio (...) visto como basis de todos los ministerios y orientado hacia el altar (Boff, 1994, p. 581).”
De la misma opinión es Francisco Taborda (1980, p. 50) cuando, al analisar la situación de los hermanos laicos en la Compania de Jesus, dice:
O mal entendido da distinção de jusuítas plenos (padres) e jesuítas plenos, sim, mas não tão plenos (irmãos) provém da concepção pós-tridentida, anti-protestante e sacerdotalista do ministério. Se o padre é ontologicamente superior ao leigo, se ele é o ‘pagé’, que conhece como aplacar a divindade, se ele é o consagrador, então evidentemente que o leigo é um cristão (e, portanto, também um religioso) de segunda categoria. Então só o padre é propriamente Igreja. (...) No momento em que se reconhece que o ministério é uma função na Igreja e que a Igreja como todo é o corpo sacerdotal, então não tem maior sentido que o ministro se dedique a algo (como pesquisa científica, a administração) que lhe tira a possibilidade de exercer o ministério ou vice-versa.
Tratase pués de la cuestión de los ministerios en la Iglesia y, en ellos, especificamente, la cuestión del sacerdocio y la relación entre ministerios ordenados y ministerios laicales. La Eclesiologia es el campo en donde deben ser situados los ministérios. La Iglesia, por sua vez, es la comunidad de salvación, el grupo de hombres y mujeres que es llamado – y responde afirmativamente – por Dios para ser en el mundo signo e instrumento de Su salvación. O sea, el pano de fondo más amplio, en que toda Eclesiologia y toda la Teologia de los Ministerios se fundamenta, es la Soteriologia. No tenemos aqui posibilidad para profundizar en cada una de estas cuestiones y como ellas se relacionan entre si. Vamos mencionándolas y relacionándolas en el limite y en la medida que nuestra reflexión lo exige.
3.1 Salvación en Cristo, nueva comunidad, nuevo sacerdocio
No se puede decir que, en el Nuevo Testamento, podamos encontrar uma Eclesiologia explícita. En el, todavia, están los elementos que servirán como fundamento para la construcción de la reflexión sobre el ser y el organizarse dela Iglesia .
En la tradición biblica neotestamentaria, no hay ninguna definición que se aproxime de la actual compreensión de “laico” ni de “clerigo”. Segundo Tamayo (2009)
El término griego kleros de donde proviene clero, clérigo, aparece dos veces en el Nuevo Testamento, pero con un significado muy diferente al que tiene hoy. Hch 1, 17 utiliza la palabra kleros al hablar de la elección de Matías como sustituto de Judas en el grupo de los Doce. De Matías se dice que obtuvo un puesto en el servicio del apostolado. 1 Pd. 5, 3 designa con esa palabra a las partes de la comunidad confiadas a los responsables. Con Orígenes, kleros comienza a emplearse en referencia a los servidores eclesiásticos y en contraposición a laico. Ese será el significado que terminará por imponerse La palabra laico (del griego laos) significa, etimológicamente, la pertenencia a un pueblo. No aparece en el Nuevo Testamento y es utilizada, por primera vez en la carta de Clemente de Roma a los Corintios y posteriormente por otros autores (Clemente de Alejandría, Tertuliano, Orígenes ... ) para referirse al pueblo creyente en cuanto distinto de los oficiantes del culto, o a los fieles en contraposición a los diáconos y sacerdotes.
En el Nuevo Testamento, todo miembro de la comunidad es parte de la misma realidad llamada por Dios y consagrada: “Pero ustedes son una raza elegida, un reino de sacerdotes, una nación consagrada, un pueblo que Dios hizo suyo para proclamar sus maravillas; pues el los ha llamado de las tinieblas a su luz admirable” (1Pe 2,9). Todo miembro de la comunidade es parte del mismo, único e indivisible Pueblo de Dios y se define a partir de su relación con Él. Por su adhesión a Cristo, todo cristiano y toda cristiana es salvo (Rm 10,9), elegido (Rom 1,6), santo (1Cor 1,2) y discípulo (At 11,26). Juntamente con la expressión Pueblo de Dios (1Pe 2,10), tambien las expressiones Iglesia de Dios (At 20,28) y Cuerpo de Cristo (1Cor 12,27) son usadas para expresar esta particular relación de todos los miembros para con Dios.
Lo que hace el cristiano ser diferente no son las relaciones internas en la comunidade. Más bien, es su relación con el mundo que es de una oposición inconciliável. Los cristianos hacen yá parte de la realidade escatológica presente en el mundo, rechazan todo lo que hay en el mundo y viven su vida en la radical expectativa de la manifestación definitiva de Dios (cf. ALMEIDA, 2006, p. 20).
En las relaciónes internas a la comunidad, lo que caracteriza los cristianos es la radical hermandad/sororidad. La fé comun y la vida en comun son las expresiones concretas desta relación (cf. At 6,3; 1Cor 6,6).
En las comunidades hay carismas específicos recebidos por unos y otros y que son destinados a toda la comunidad. La diversidad de carisma, todavia, no crea en la comunidad cualquier especie de yerarquia. La diversidad de carismas genera servicio y comunión (cf. Rm 12; 1 Cor 12).
La fundamentación para la compreensión igualitaria de la comunidad cristiana es la superación, en Jesucristo, de la compreensión veterotestamentaria de la santidad/salvación y de la estruturación de la comunidad religiosa que resulta desta nueva compreensión .
En la compreensión levítico-sacerdotal, la santidad es constituída por la separación de todo lo que es del mundo. Toda la vida religiosa del pueblo de Israel, especialmente la que gira alrededor del templo, se construye a partir de las prescriciones legales y rituales que establecen lo que es puro e lo que es impuro. El Sumo Sacerdote es, al mismo tiempo, guardián y realización personal del ideal de pureza ritual y, en virtud desta posición, tiene la función de intermediador de la salvación entre Dios y la humanidad. El ofrece sacrificios puros en favor de los impuros que no pueden hacerlo.
Los demas miembros de la comunidad de Israel se definem por su relación con este “centro de pureza”. Quanto mas cerca del mediador, más cercano de la salvación; cuanto mas alejado del mediador, más alejado de la salvación.
La Encarnación del Hijo de Dios es la manifestación, en la persona de Jesus, de la voluntade, por parte de Dios, de superar la seperación entre Dios y el mundo e la declaración de que, para Dios, nada es impuro o indigno de salvación. La Resurrección de Jesus y, en su carne, de la carne de toda la humanidad, es el movimiento de divinización (unidad en Dios) de todo lo humano y, en la humanidad, de toda la creación (cf. Rm 8 19).
El cristianismo, nascido de raiz judia, se torna teologica e historicamente posible en la medida en que la comunidad de seguidores de Jesus logra romper con la barrera cultural, mental, legal, religiosa, social y cultual que separaba los judios de los otros pueblos y consigue compreender que toda la humanidad, independiente de su condición etnica, social o de genero, es digna de Dios y, delante de Él, tiene la misma sacralidad y posibilidad de salvación (At 10,15; Gal 3,28; 1 Cor 12,13).
En esta nueva comunidade en donde todos viven la misma experiencia de la unica y universal salvación en Jesucristo, yá no hay necesidad de mediadores entre Dios y la humanidad: Jesucristo es el único y definitivo mediador (1 Tim 2,5).
3.2 De la distinción carismática y ministerial a la Iglesia jerárquica y piramidal
La transformación de la distinción carismática y ministerial (pluralidad de carismas y ministérios en las Iglesias apostólicas) en estruturas funcionales e jerarquicas se introduce en la comunidad cristiana cuando esta deja de ser una comunidad escatoliga marginal en el Imperio Romano y pasa a asumir, en su manera de organizarse, las estruturas sociales y la compreensión religiosa imperial que les da fundamento:
Cesadas las persecuciones, distancianse cada vez mas los clerigos y los laicos que la expectativa del martirio aproximava. Afastado el martirio, el mismo ideal de vida cristiana se rebaja, desaciéndose aquella tensión entre ser y dever-ser, indispensable al crecimiento de las personas y al perfeccionamiento de las instituciones. La Iglesia, de cierta forma, se reconcilia con el mundo: el ‘mundo’ no mas persigue los cristianos; la religión cristiana es aceptada por el imperio, el cual no tardará en declararla religión oficial; el lugar dejado vago por los sacerdotes paganos es ahora ocupado con naturalidad por el sacerdote cristiano (ALMEIDA : 2006, 49).
La “virada constantiniana” es el punto simbólico deste cambio que, de hecho, es un processo historicamente mucho mas largo y estruturalmente complejo que yá empieza a ser elaborado en el inicio del siglo III de la era cristiana y alcanzará su plena expresión en el Decretum Gratiani (1140-1142) que distingue y opone clerigos y laicos estableciendo una diferenciación funcional que, en la elaboración teológica elaborada para justificarla, se vuelve ontológica y dogmática (cf. ALMEIDA : 2006, p. 42-55).
En términos practicos, el clero se apropria de forma excludente de la capacidad de producción de bienes religiosos (liturgia, sacramentos) y de la producción de significación religiosa (pregación y teologia).
En este contexto surge la categoria laico con el sentido de personas incapacitadas para la compreensión, la producción y expresión de bienes y significados religiosos y eclesiales.
Historicamente, la Vida Religiosa surge, como movimento monástico, en los siglos IV-V, como reacción a este pasage, o sea, a la asimilación, por parte del Imperio Romano, de la comunidad cristiana y la consecuente transformación de la Iglesia en una sociedad que copia los modelos y los valores de la sociedad imperial romana. En este sentido, el movimiento monástico quiere rescatar la dimensión profético-escatológica del cristianismo de una comunidad igualitária en la espera atenta del Reino de Dios.
En sus orígenes, la vida religiosa es predominantemente laica. Clerigos, en la vida monástica, son acceptados en la medida en que accepten la convivencia igualitária en la nueva comunidad escatológica. Es lo que espresa la Regla de San Benito (n. 60):
Si algún sacerdote pide ser admitido en el monasterio, no se lo acepte demasiado pronto. Pero si insiste firmemente en este pedido, sepa que tendrá que observar toda la disciplina de esta Regla, y que no se le mitigará nada, para que se cumpla lo que está escrito: "Amigo, ¿a qué has venido?". Permítasele, sin embargo, colocarse después del abad, y si éste se lo concede, puede bendecir y recitar las oraciones conclusivas. En caso contrario, de ningún modo se atreva a hacerlo, sabiendo que está sometido a la disciplina regular; antes bien, dé a todos ejemplos de humildad. Si se trata de ocupar un cargo en el monasterio, o de cualquier otra cosa, ocupe el lugar que le corresponde por su entrada al monasterio, y no el que se le concedió en atención al sacerdocio. Si algún clérigo, animado del mismo deseo, quiere incorporarse al monasterio, colóqueselo en un lugar intermedio, con tal que prometa también observar la Regla y la propia estabilidad.
Con el paso del tiempo, todavia, las contradicciones eclesiales y sociales terminan por penetrar en la misma Vida Religiosa y esta deja de ser un espacio alternativo de vida cristiana y termina por se identificar con el comun de la Iglesia y a reproducir, en su interior, las relaciones disimetricas entre clerigos y laicos.
Durante la Edad Media, el clero asume las funcciones directivas, no solo al interno de la Iglesia, pero tambien en muchos ambitos de la vida social. Nobles y letrados reaccionan a esta tentativa de dominación. Esta disputa entre clerigos y laicos, conocida como Querella de las Investiduras culminará en el Concordato de Worms (1122) y la imposición de la supremacia papal.
El hecho de la Iglesia asumir el poder temporal trajo consigo, para el interior de la Iglesia, toda una serie de tensiones y contradicciones proprios de la sociedad. Al intentar dominar el mundo, la Iglesia terminó por ser dominada por los valores del mundo que tanto combatia...
La Reforma Gregoriana, en el ansia de librar la Iglesia de los males del mundo que en ella se habian introducido, accentuará aun mas la distancia entre la Iglesia y el mundo y, por consecuencia, entre clerigos y laicos. Pero, una consecuencia todavia peor, de tanto proteger la Iglesia de la submisión de los laicos nobles, terminó por afastar y dominar ahun más a los laicos pobres .
Profundamente influenciada por el mivimiento monástico, la Reforma Gregoriana intentó tomar distancia tanto del clero corrupto como de los laicos nobles que intentavan imponer su poder sobre la Iglesia. En este contexto, la Vida Religiosa surge como un tercer cuerpo en la Iglesia (cf. ALMEIDA : 2006, 98). Los monges son colocadas, con o sin su consentimento, en medio a la turbulencia de la disputa del poder y las consecuencias que de esta disputa surgen.
En este contexto surgen los movimientos pauperistas que encuentran una de sus formas de expresión en las Ordenes Mendicantes: franciscanos, dominicanos y carmelitas. En el centro del sueño de los mendicantes está el añelo por un otro tipo de reforma en la Iglesia. Su sueño es el retorno a la originalidade pobre y marginal atraves del seguimiento literal del Evangelio. Nace allí la propuesta de una Vida Religiosa identificada con Cristo pobre en el servicio a los pobres. La igualdade entre todos los miembros – mismo que haya entre ellos cleigos y laicos - y el derecho a la pregación son las grandes reivindicaciones destas nuevas formas de Vida Religiosa.
La imposibilidade o incapacidad de realizar el “retorno al Evangelio” y, para que eso sea posible, las necesarias reformas en la Iglesia van llevar a la ruptura en la Iglesia de Occidente. Ruptura que está en las origenes de las Iglesias de la Reforma y, atraves del Concilio de Trento, a la afirmación de la Iglesia Católica Romana. Además de las questiones dogmáticas levantadas por Lutero, las questiones disciplinares referentes a la posición del clero y de los laicos en la Iglesia estão entre los puntos que llevarán a esta ruptura.
Las Iglesias surgidas de la Reforma, en su mayoria, seguirán el camino de la dilución y hasta mismo de la negación de cualquier diferenciación entre clerigos y laicos. En la Iglesia Catolica Romana, el Concílio de Trento y las legislaciones de el derivadas accentuarán la diferenciación y el distanciamiento entre clerigos y laicos y la submisión de estos a aquellos .
La creación de seminários para la formación del clero tiene como finalidad formar cuadros directivos altamente especializados, lejos de la corrupción y de las tentaciones del mundo y de los hombres y mujeres – especialmente estas! – comunes, ignorantes y tentadoras. La mayor parte de las ordenes y congregaciones religiosas masculinas, olvidan que forma propria de formación y adoptan el modelo seminarístico y reproduzen el modelo clerical de formación.
Después del Concílio de Trento surgieron una cantidad significativa de congregaciones religiosas – masculinas y femininas (clericales, laicales o mistas) – que se identificarán no tanto por un estilo de vida, sino por una misión específica. Una característica casi que general de estas nuevas congregaciones es el hecho de seren vistas – y, en la mayoria de los casos, asumen esta identidad – como una forma de presencial de la Iglesia en una realidad marginal o excluída del proceso de modernización capitalista – comercial, agrícola e industrial – de la sociedad occidental. Para esto, surrayase la necesidade de obediencia de las congregaciones a la autoridad eclesiastica (papa y obispos).
Hay el caso también de congregaciones clericales que hacen surgir a su lado congregaciones femininas (el brazo feminino de tal congregación masculina...) o, entonces, asociaciones de laicos que ejecutan tareas de apoyo a las congregaciones clericales. Las Ordenes Terceras son encuadradas dentro de estas configuraciones.
El Concilio Vaticano I es el punto de exacerbación, através de la doctrina de la infalibilidad papal, del modelo eclesiológico de centralización clerical excludente que sustenta este orden de cosas.
La reacción, en la sociedad, a la clericalización excludente de la Iglesia, es el surgimiento del laicismo: una sociedad y una cultura que se organizan prescindiendo de la presencia de la Iglesia y, por una equivoca asimilación entre Iglesia y Dios, acaba prescindiendo del mismo Dios. Este, cuando mantido en el discurso, tornase apenas una entidad impersonal que en nada se interesa por el mundo y por la humanidad (deísmo). Puedese asi afirmar que el laicismo es una reacción patologica a una configuracion esquizofrenica de una Iglesia que no mas logra reconciliarse con el mundo y que, al interno de si misma, tiene dificultad en reconstruir una relación harmoniosa y cooperante entre clerigos y laicos (cf. TAMAYO, 2009).
3.3 El Vaticano II y la tentativa de volver a dialogar con el mundo moderno
La renovación de la Iglesia de la cual el Concilio Vaticano II es la expresión mayor, intentará traduzir el deseo de una Iglesia Católica Romana en dialogo con la modernidad y en la cual todos los cristianos sean participantes y miembros activos. La tarea de renovación conciliar se quedó, todavia, en medio camino. La tensión de las distintas y hasta contradictorias fuerzas eclesiales presentes en la Asamblea Conciliar hizo con que dos eclesiologias aparezcan en los textos conciliares. Por un lado está la eclesiologia de la Iglesia Pueblo de Dios (LG 1-17). Por otro, una eclesiologia que parte de la compreensión hierarquica de la Iglesia (LG 18-38). Son dos modos de compreender la Iglesia que, mismo sin seren mutuamente excludentes, revelan diversas sensibilidades eclesiologicas.
Como decíamos anteriormente, la razón de la manutención de estas dupla eclesiologia es la incapacidad de superar definitivamente – como se habia propuesto el Concilio – la dicotomia Iglesia-mundo y pasar a pensar la presencia de la Iglesia en el mundo a partir de los paradigmas de la Encarnación y de la Resurrección. O sea, asumir radicalmente la compreensión cristiana de salvación y sus consequencias eclesiológicas y, en el modo de pensar la Iglesia, los ministérios.
La incapacidad de superación definitiva de la dicotomia Iglesia-mundo se refleja, por su vez, en la permanencia de la dicotomia clerigos-laicos en la Iglesia. Mientras los primeros se ocupan de las realidades espirituales que dicen respeto a la misión religiosa al interno de la Iglesia, los laicos (mismo la teologia conciliar y postconciliar raramente habla de laicas!...) se ocupan de las realidades temporales externas a la Iglesia (cf. LG 31).
Juan Pablo II, en la Exortación Postsinodal Christifidelis Laici (n. 9), retoma Lúmen Gentium y explicita que la misión de los laicos es el mundo:
Al dar una respuesta al interrogante «quiénes son los fieles laicos», el Concilio, superando interpretaciones precedentes y prevalentemente negativas, se abrió a una visión decididamente positiva, y ha manifestado su intención fundamental al afirmar la plena pertenencia de los fieles laicos a la Iglesia y a su misterio, y el carácter peculiar de su vocación, que tiene en modo especial la finalidad de «buscar el Reino de Dios tratando las realidades temporales y ordenándolas según Dios». «Con el nombre de laicos —así los describe la Constitución Lumen gentium— se designan aquí todos los fieles cristianos a excepción de los miembros del orden sagrado y los del estado religioso sancionado por la Iglesia; es decir, los fieles que, en cuanto incorporados a Cristo por el Bautismo, integrados al Pueblo de Dios y hechos partícipes a su modo del oficio sacerdotal, profético y real de Cristo, ejercen en la Iglesia y en el mundo la misión de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos les corresponde».
Mismo que pase a hacer un discurso positivo en relación a los laicos, permanece la división de trabajo religioso entre los cristianos. Hay como que una “especialización de tareas” en el actuar cristiano. Los clerigos se ocupan de las cosas sagradas y los laicos se ocupan de las cosas del mundo como se, para Dios, las cosas del mundo no fueran, por el hecho de la Creación, por la Encarnación y Resurrección, yá puestas en el ámbito de la salvación.Practicamente todos los documentos de la Iglesia – tanto de la Iglesia Universal como de las Iglesias locales – permanecen dentro de este paradigma eclesiológico .
La Vida Religiosa, como todos lo sentimos, sufre las consequencias de esta incompleta reformulación soteriológico y eclesiológica. La Vida Religiosa feminina, mismo siendo la más numerosa y la que, muchas vezes, sustenta el labor cotidiano de la Iglesia, por su condición laical, continua excluída de las funciones clericales y, por consecuencia, de toda posibilidad de protagonismo eclesial.
La Vida Religiosa masculina tambien sufre en si las consequencias desta eclesiologia dual. Por un lado, por la asimilación de la Vida Religiosa masculina a la función clerical, la vocación de religioso laico termina por ser vista como una “vocación menor” o no completamente realizada. Son religiosos “solo hermanos”!... Por otro lado, mismo gozando de una cierta libertad en su campo específico de actuación (salud, educación, asistencia social...), están siempre sob la posibilidad de teren su vida y sus proyectos supervisionados por una autoridad externa.
Las Ordenes y Congregaciones Religiosas masculinas – en donde hay clerigos y laicos – además de viviren sob la misma autoridad clerical, sufren todavia más por viviren en su interior la disimetria resultante de la disparidad entre clerigos y laicos. Disparidad de la cual la imposibilidad de un laico asumir una función de superior mayor es apenas una – y con certeza la menos importante - de las manifestaciones.
Volver a tomar en serio la compreensión cristiana de Salvación y sus consequencias en la Eclesiologia y, dentro de la Eclesiologia, en la compreensión de los ministérios, es un paso necesário para poder resgatar, tanto en la vida de la Iglesia como en la sociedad, la identidad de la VR quitándola del eje verticular de la jerarquia y poniéndola en su verdadero lugar, el de los carismas en la Iglesia. Y más: esto será consecuencia de la superación de la división entre Iglesia y mundo y su consecuencias, la división entre clérigos y laicos, de modo que no ya no haya religiosos clerigos y religiosos laicos, sino, simplemente, religiosos que sirvan a Dios, al mundo y a la Iglesia conforme el carisma y ministerio que Dios conceda a cada uno.
Esto nos hará bien no solo a nosotros, sino a toda la Iglesia que sufre para volver a reconstituirse como una comunidad de iguales en Jesucristo (cf. FIORENZA, 1995).
4. El paradigma trinitário como posibilidad de reconstrucción de las identidades en la VR
La identidad de todo cristiano y toda cristiana tiene, desde el punto de vista de la fé, necesariamente, como su eje articulador, el ser del Dios en el cual creemos. De este modo, nuestro paradigma para pensar la identidad no puede ser distinto del que fundamenta la experiência cristina: el Ser del Dios Trinidad.
En el Ser de Dios, cada una de las personas - el Padre, el Hijo y el Espírito – tiene su identidad al darse plenamente a los Otros y, en el mismo movimiento, reciprocamente, recibir totalmente el ser de los Otros. Es lo que en teologia se llama pericoresis trinitária .
O sea, el modo de ser del Dios-Trinidad nos enseña que la identidad no la construye uno mirándose a si mismo, sino que siempre la construcción de la identidade es algo relacional. En otras palavras, somos capaces de construir nuestra identidade en la medida en que miramos, interpelamos e interactuamos con los otros y otras y nos dejamos por ellos y ellas mirar, interpelar y provocar a la acción.
Como entonces, a partir de este paradigma trinitário pericoretico, rescatar nuestra identidad de religiosos hermanos en la Iglesia y la sociedad de América Latina y Caribe?
Como lo acabamos de decir, con certeza no lo lograremos si nos quedamos mirandonos a nosotros mismos en una labor narcisística...
Es a partir de un análisis de nuestras relaciones con los otros modos de ser – tanto en la Vida Religiosa, como en la Iglesia y en la sociedad buscando percibir como sentimos los otros y las otras – hombres, mujeres, indígenas, afro-descendientes, niños, jovenes, adultos, ancianos, campesinos, habitantes de las grandes ciudades y barriadas... - y como ellos y ellas nos sientem; como su modo distinto de ser nos interpela y como nuestro ser religioso laico los y las interpela; como actuamos en dirección a ellos y ellas y como nos dejamos afectar por su acción sobre nosotros que podremos sentir, pensar y actuar nuestra identidad de religiosos hermanos.
4.1 La construcción de las identidades en la VR y en las relaciones eclesiales
Hasta hace poco tiempo, cada Congregación u Orden era casi siempre un mundo a parte que no se mesclava con las otras Congregaciones y Ordenes. Lejania que, en vezes, se volvia competencia, sea por mostrarse más importante que los otros delante de la Iglesia y de la sociedade, sea para angariar vocaciones y clientes para las obras educativas, de salud o sociales.
En los últimos tiempos estamos intentando caminar por los senderos de la intercongregacionalidad. En veces, en estos tiempos de crisis y escasez de vocaciones y recursos, se hace intercongregacionalidad premidos por la necesidad... pero, puede ser que, como dice el dicho popular, “de las mas bajas intenciones, vienen los mejores resultados”!
Y al ponermonos lado a lado con hermanos y hermanas de diferentes congregaciones vamos percibiendo la riqueza de la variedad de carismas y, al mirar que los otros y otras son diferentes de nosotros, vamos redescubrindo nuestas identidades en la vuelta a las fuentes y actualización de los carismas proprios.
Los mismo pasa en las relaciones eclesiales. Es analisando nuestros sentimientos, nuestras interpelaciones y nuestra acción en relación a los otros componentes del cuerpo eclesial – clérigos de diversos niveles, laicos y laicas en sus diversos modos de ser y status eclesial, cristianos y cristianas de otras confesiones eclesiales y hasta mismo de otras religiones y gente que no tiene un referencial religioso – e intentando percibir el modo como ellos y ellas nos sientem, nos interpelam y actuan sobre nosostros, que vamos construyendo nuestra identidade de religiosos laicos en la Iglesia.
En esta convivencia vamos percibiendo la riqueza pero tambien lo tenso y en vezes doloroso de las relaciones eclesiales. Tensiones y sufrimientos que no pueden ser obviados, pero asumidos con clareza y conciencia cristiana para que puedan ser llevados a la superación. Es en esas relaciones que somos formados y vamos reconstruyendo nuestas identidades. En medio a todo eso vamos descubriendo el lugar que nos cabe en la vida real de la Iglesia y, en ella, como son nuestras relaciones con los otros y otras. Y, lo que es más importante, vamos reflexionando sobre esas relaciones y en como adequarlas cada vez más al paradigma trinitario.
Y, como vimos anteriormente, la Iglesia, en tanto que institución humana, todavia vive relaciones disimetricas en donde unos pueden e valen más, mientras otros ‘no pueden’ y valen menos. Las razones para esto son varias: historicas, sociologicas, culturales, de genero, sexo, raza, edad... Mismo siendo esta situación contraria a la voluntad divina de una Igleisa-comunidad-de-iguales, siempre hay alguna formaulación teológica que la sustenta, dado que la teologia es, como toda otra ciencia, una construcción humana condicionada por quien la hace.
Para ayudarnos a compreender las disimetrias en la Iglesia y el lugar en donde nosotros somos ubicados, hacemos una adaptación de de un esquema eclesiológico elaborado por E. S. Fiorenza .
En este esquema piramidal que retrata lo que la autora llama el Modelo Romano Constantiniano Patriarcal de Iglesia vemos que la Vida Religiosa feminina y los religiosos varones se encuentran en una situación muy semejante. Ellos están ubicados en un territorio intermediário de la Iglesia en donde se mesclan submisión y dominación. Para usar una imagem, podríamos decir que se encuentran en una “Tierra de Nadie” o, en una figura teológica, “en el limbo”.
Las Religiosas, en este paradigma de Iglesia, tienen una doble submisión. Por su condición de mujeres, se encuentran submisas a los varones. Por su condición laical, se encuetran inferiormente ubicadas en relación a los varones clérigos. Pero, por su condición de vírgenes, tienen un lugar privilegiado en relación a las otras mujeres. Primeiro en relación a las mujeres esposas y madres y, con mucha más distancia, en relación a las mujeres no-casadas, madres solteras, separadas, lésbicas, prostitutas y otros mujeres marginadas...
Los religiosos laicos, por su vez, por su condición masculina y por su celibato, estamos en una posición privilegiada en relación a todo tipo de mujer, incluso a las religiosas. Pero, por nuestra condición laical, estamos inferiormente situados en relación a los clérigos, sean estos del clero secular o Religiosos y hasta mismo en relación a nuestros hermanos de congregación, en el caso de los religiosos laicos que vivimos en congregaciones mistas.
Como se puede ver en ese esquema, en la Iglesia hay sectores que viven en una situación de deficit de ciudadania eclesial. Por uno u otro factor no pueden vivir activa y plenamente toda su pertenência al Pueblo de Dios. Allí están los laicos, varones o mujeres y, entre estas, las religiosas, los negros y negras y pueblos indígenas, los separados y separadas, las parejas en situación irregular delante del Derecho Canónico, las madres solteras, los y las homosexuales, los y las que pertenecen a otras iglesias cristianas, etc.
Es en la relación con estos sectores marginales en la Iglesia que los religiosos laicos podremos (re)construir nuestra identidad que nos permita ser, en este continente y en estas islas, una presencia mistico-profética de un nuevo modo de ser Iglesia. Una Iglesia que yá no se piense jerarquicamente sino de modo fraterno/sororal y igualitário en donde la diferencia de carismas y ministérios sirva para la edificación de todo el cuerpo eclesial y, en el, de los más debiles (1Cor 12,23).
Un nuevo modo de Iglesia que podria ser asi representado:
4.2 La construcción de las identidades en las relaciones sociales
Hay una otra dimensión que no puede ser olvidada: la de las relaciones sociales. Como siempre es bueno recordar, ni la Iglesia ni la VR se dán fuera del mundo. Bien o mal, siempre estamos insertados en una realidad social, en ella somos y con ella interactuamos. Mismo que intentemos alejarnos de la sociedad y romper con ella toda relación, seguiremos siendo simbolicamente funcionales o disfuncionales a ella.
Realidad que siempre es muy compleja y, casi siempre, también es conflictuosa. En ella hay muchos actores con diferentes identidades e distintos y hasta mismo contradictorios intereses.
Encuanto religiosos laicos, nuestra identidad tambien se construye en el modo como sentimos, interpelamos e actuamos sobre los diferentes actores y actrices sociales y como acogemos los sentimientos, interpelaciones y acciones de estos mismos actores y actrices sociales.
Historicamente la Vida Religiosa, tanto en su primeira configuración en la vida monástica como en la segunda, la vida religiosa mendicante y en la tercera, la vida religiosa misionera que surge en la modernidad, siempre surgió y construyó su identidad en la aproximación a los grupos sociales y eclesiales marginados en sus respectivos momentos históricos .
Con el tiempo, todavia, tanto las ordenes religiosas del primer y segundo ciclo como las congregaciones del tercer ciclo, establecieran relaciones privilegiadas con los grupos sociales intermédios y superiores de la sociedad y, en estas relaciones, reconstruieram su identidad y se ubicaron en un nuevo local social, en la mayoria distante de los pobres y excluídos de la sociedad. La clericalización de la VR fué, al mismo tiempo, causa y consecuéncia inevitable de esta dislocación eclesial y social.
Los religiosos laicos, por su situación de marginalidad tanto en la Iglesia como en la sociedade, fueron, en muchos casos, los que mantuvieron los lazos y las relaciones con los setores eclesiales y sociales marginados.
En el período post-conciliar, en la dinámica de inserción de la Vida Religiosa, religiosos y religiosas, en América Latina y Caribe, reataram relaciones con con los setores populares marginales y, como vimos acima, empezaron a reconstruir sus plurales identidades en la unidade de la VR.
Al lado de las religiosas que fueran, sin sombra de duda, las pioneras y las más radicales en este processo, los religiosos laicos tuvieron también una presencia significativa. Su presencia solidária y activa en las luchas de los campesinos, indígenas, negros, sin-tierra, sin-techo, moradores dela calle, drogadictos, migrantes... hicieron con que empezasem a serem vistos con otros ojos – buenos por el lado de los pobres y malos por el lado de los ricos – y así se empezara a construir una otra identidad de la VR en AL y Caribe.
Fué un proceso de una minoria profética, pero que, creemos, señala el camino por donde tenemos que seguir y profundizar si queremos (re)construir la identidade de la VR y de la VR laical que nos ponga otra vez en los senderos de las origenes de este modo de ser en la Iglesia.
5. Para ir terminando...
Tiempos de crisis son siempre tiempos de oportunidad. La crisis en la identidad de la VR y, en lo que aqui nos interesa, de la VR laical, es una rica oportunidad para la reconstrucción de identidades.
El trabajo teórico, en nuestro caso, teológico, es siempre importante en este momento. Tenemos que, a partir de nuestra condición laical, reproponer las grandes cuestiones teológicas. Sea para liberar la teologia (cf. SEGUNDO, 1978) de las amarras que le fueran puestas. Sea para rescatar viejos paradigmas teologicos que nos permitan viver la originalidad de la propuesta de Jesus.
Seguiendo lo acima propuesto y pensandolo a partir de la rica tradición de la VR en AL y Caribe en lo que le es mas característico, la opción preferencial por los pobres y la lucha contra todo forma de pobreza y muerte, miramos que la reconstrucción de la identidade de la VR masculina laical puede dar-se sobre dos ejes: en la aproximación, diálogo y cooperación con los sectores marginados en la Iglesia y en el diálogo con los setores marginados en la sociedad.
______________________Vanildo Luiz Zugno, OFMCap – Brasil