martes, 11 de agosto de 2009

Fuimos llamados...a la única vocación salesiana como hermanos coadjutores




Entre los muchos jóvenes que eligieron quedarse con Don Bosco hubo algunos que eligieron ser sacerdotes y otros que quisieron quedarse en el oratorio como hermanos, como compañeros, como amigos. Quisieron ser hermanos salesianos o como Don Bosco los llamó: coadjutores.
Fuimos llamados por Dios a seguir de cerca a Don Bosco en la única vocación salesiana como hermanos coadjutores. Participamos de la experiencia oratoriana en múltiples actividades pero nos definimos como religiosos consagrados a Dios para estar con los jóvenes educando y evangelizando de manera integral.

Somos parte de una historia vocacional iniciada por hombres de trabajo y deseosos de consagrar completamente su vida a Dios estando al lado de Don Bosco como José Buzzetti . Nuestra primera misión es estar con los jóvenes mas pobres de manera activa, transmitiendo el amor que Dios tiene por ellos y ocupándonos enteramente de sus vidas.

Nuestra identidad de religiosos se completa, integra y plenifica viviendo y trabajando junto a los salesianos sacerdotes en comunidad carismática de espíritu y acción. Nuestro aporte específico lo damos en comunión con nuestros hermanos sacerdotes viviendo cercanos y comprometidos en la misión apostólica cuyos destinatarios son sin dudas los jóvenes más pobres.

Desde los inicios de la magnifica experiencia de Don Bosco en el oratorio con los muchachos, varios de ellos quisieron quedarse. Atrapado por la especial personalidad del santo, el agradecimiento y la energía que irradiaba el ambiente fue José Buzzetti quien inició el camino de la especial consagración. Su búsqueda original de quedarse con Don Bosco y generosa entrega al Señor lo convencieron de que nunca debía irse del oratorio. Finalmente hizo sus votos como salesiano coadjutor en 1877 a los 45 años de edad. Sin embargo sus búsquedas fueron mucho antes, pues había tomado la sotana junto a Carlos Gastini, Santiago Bellía y Felix Reviglio el 2 de febrero de 1851.
Un accidente lo imposibilitó y 26 años después toma la decisión de unirse a la Congregación como Salesiano Coadjutor.

Somos poseedores de una rica tradición de hermanos coadjutores dedicados, como se entendía en otro tiempo al solo mundo del trabajo como apóstoles de Cristo y consagrados, ofreciendo la riqueza de la consagración mas la especialización laboral o científica. La ubicación de la identidad quizás muy relacionada al principio solo con los jóvenes destinatarios que en otros tiempos provenían de los ámbitos de subempleo, o informalidad laboral en la construcción y en las fábricas de un mundo industrial cada vez más fuerte.

Quizás los ámbitos de desarrollo del Hermano Coadjutor se han ampliado teniendo en cuenta el gran abanico de apostolados ejercidos por Don Bosco y por el transito histórico de la congregación salesiana hasta nuestros días.
El hermano coadjutor no es un colaborador útil en la Sociedad Salesiana. No colaboramos, somos parte protagónica, genuina y constituyente de la historia, la misión y la identidad de la congregación. No somos un brazo, ni una mano ágil, ni una rama de la Congregación Salesiana. Somos junto a nuestros hermanos sacerdotes la Congregación Salesiana fundada por Don Bosco y los primeros salesianos.

En muchos aspectos la situación vocacional de los hermanos coadjutores tiene en su haber ciertas construcciones de relato históricas que hacen de la vocación una decisión no siempre cualificada y ponderada. En el caso de José Buzzetti la situación vocacional se desarrolla de la siguiente manera: Viste la sotana en 1851 pero a causa de la perdida del dedo índice en un atentado debe renunciar al llamado sacerdotal y profesará como salesiano coadjutor en el ´77 a los 45 años. También el caso de Don Artémides Zatti ilustra la búsqueda de la vida sacerdotal que ve truncada por una enfermedad pulmonar que mas tarde lo lleva a quedarse en la congregación como Coadjutor.
También se puede contar una historia marcadamente discriminatoria y de postergaciones fruto de una Iglesia clericalista y que sumieron a la vocación del hermano coadjutor en una posición secundaria.

Hoy por hoy se observa aún en algunas presentaciones de comunidades la enumeración de hermanos poniendo en primer lugar los sacerdotes y clérigos y luego los hermanos coadjutores.

En la actualidad no se puede pensar un Salesiano Coadjutor ajeno, desligado del oratorio. La vida del Oratorio y la cercanía a los jóvenes es lo que nutre nuestra vocación. Poblada nuestra vida de espiritualidad y de relación continua con el Señor Jesús es indispensable compartir y saborear junto a los jóvenes la sobrenatural relación que se da en el patio junto a los destinatarios prioritarios de la misión que Dios encomendó a Don Bosco y que hoy sigue viva en nosotros.

El modelo del salesiano coadjutor como trastienda de la vida oratoriana, como secundario en todas las actividades, como ayudante o alternativo en la vida pastoral hoy ya no tiene cabida ni espacio. No se concibe una vocación salesiana que supone un misterio a develar. La presencia salesiana es activa y no escondida. Es estimulante y no de incógnita. Es de contacto y no de subsuelo. El salesiano coadjutor hoy es protagonista del oratorio, no esconde la riqueza de su vocación con falsas humildades que esconden resentimientos y fracasos. La riqueza de nuestra vocación está para ser vista, para mostrarla…(Mt. 5, 14-16)

La herencia de la riqueza vocacional tiene 150 años y no se limita a una forma de hacer o a un ámbito. Las múltiples posibilidades que ofrece nuestra vocación no se limitan a un patrón de conducta o a una especialidad sino que está abierta a todas las dimensiones humanas que un salesiano con votos pero ciudadano libre, un religioso para la Iglesia y un hombre poseedor de derechos y obligaciones para la sociedad civil.

Hno. German Diaz

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