martes, 4 de agosto de 2009

Una reflexión sobre Don Zatti y un desafío para la nueva inspectoría que llevará su nombre



En lo que sigue expongo algunas reflexiones sobre Don Zatti motivado por el hecho
que será patrono de la nueva Inspectoría Salesiana Argentina Norte (ARN), a partir de
la lectura de una bibliografía (no biografía). A propósito de ello, me pareció que debía
hacer algunas aclaraciones, por demás pertinentes, sobre la vocación salesiana en
general, pero en particular sobre la vocación de los “hermanos coadjutores”.
Finalmente, en función de ello, se me ocurrió un desafío para los salesianos de la
nueva inspectoría.
Muchos salesianos heroicos, coadjutores y presbíteros, de la época de Zatti y de su
entorno, si bien son admirados por su ingente actividad pastoral y entrega misionera,
no son puestos por la Iglesia como modelo de santidad para todo el pueblo creyente y,
por supuesto, para nosotros los salesianos. De entre tanta gente buena, Artémides
Zatti se destacó sobre el resto de los salesianos. Ya en vida tenía fama de santo,
creencia que se acentuó con su muerte y continuó después hasta la actualidad.
A raíz del clima de fiesta que suscitó su beatificación en el año 2001 proliferaron
biografías, reseñas, novenas y otras obras sobre su vida y obras, perfil de santidad y
las virtudes cristianas de Don Zatti. Sin embargo, algunas biografías no destacan
suficientemente su identidad vocacional, con expresiones ambiguas. Solamente tomo
una de aquellas bibliografías por considerarla como la más representativa.1
- “Zatti aparece en estas páginas como un vívido modelo de laico consagrado” (12) y
“laico salesiano consagrado” (13). “Su «aceptada» [¡resignada!] vocación a la vida
religiosa laical puede constituir un ejemplo y un aliciente para las Ordenes y
Congregaciones que sufren la escasez de tales vocaciones”.
- “Alimentaba su fe mediante una ternísima devoción a la Santísima Eucaristía:
Jesús en el Tabernáculo tal vez le traía el recuerdo de su vocación sacerdotal
misteriosamente fallida” (70-71)
- “Este espíritu sacerdotal se traslucía en toda su persona…: «si el Señor Zatti fuese
sacerdote, yo me convertiría»” (89) Una cosa es el testimonio de un ateo que no
conoce de la Iglesia y de la vida consagrada y otra son las expresiones del autor
que reafirma su concepción con la cita textual y sin más explicaciones.
- “…y si bien había renunciado al sacerdocio, se sentía investido de una misión
sacerdotal en el ejercicio total de la caridad hacia el prójimo” (90)
- “El Siervo de Dios, que no pudo ser sacerdote, pudo ofrecerse a sí mismo como un
renunciamiento desde su fe y su devoción…” (120)
- “La vida religiosa es un renunciamiento de espíritu y de la carne que se hace acto
en la obediencia y en la castidad. El Siervo de Dios hizo de estas virtudes dos alas
para realizar como laico su no logrado sacerdocio ministerial y volar hacia las
cimas de la santidad.”(141)
La bibliografía mentada, deudora de una mentalidad todavía presente entre nosotros,
presenta tres problemas en relación a la vocación de Zatti: la idea de vida religiosa, la
alusión a que es un “laico consagrado” y las constantes referencias al “ministerio
sacerdotal” de su vocación religiosa.
1 NORIEGA, Néstor, Venerable Artémides Zatti. Héroe de la caridad. Modelo de laico
consagrado hoy, Didascalia, Rosario, 1999 (las páginas se indican en el texto). Y otros textos
del autor. Es recomendable en cambio, aun cuando tengan ciertos vicios historiográficos, la
biografía de Entraigas.
1. La vida religiosa es presentada desde una perspectiva restringida. Los
documentos conciliares y el magisterio de Juan Pablo II, sobre todo en Vita
Consecrata (VC), presenta una idea de la vida religiosa que es más que
renunciamiento. La vida religiosa no es ni “laical ni clerical” ya que el estado de la
“profesión de los consejos evangélicos es completo en si mismo” (VC 60). Las
constantes alusiones al ministerio sacerdotal terminan dando una idea equivocada de
Congregación y el estilo propio de la vida religiosa salesiana.
2. La relación entre consagración y laicidad (secularidad) adquiere formas
diferentes en la Iglesia y también en la Congregación y, por supuesto, en la Familia
Salesiana (Salesianos cooperadores, exalumnos, amigos, benefactores, etc.). El
salesiano [hermano] coadjutor no es un “laico consagrado”. La laicidad del coadjutor
se comprende en el marco de la vocación salesiana: consejos evangélicos, vida
fraterna y misión (CIC 607 § 2 y 3 y VC 60). El concepto “laico consagrado” se aplica,
en primer lugar a miembros de los institutos seculares (CIC 711; 713 § 2) cuyos
miembros hacen profesión de los consejos evangélicos, se comprometen con la
santificación del “mundo” pero no pierden su condición “secular”, que le es propia (“en
el contexto de las estructuras temporales” dice la VC 10). En segundo lugar, a las
sociedades de vida apostólica (CIC 731 § 1 y 2) y a las nueva formas de vida
evangélica, donde sus miembros pueden llevar vida común o no, se dedican al
apostolado y algunos hacen profesión de los consejos evangélicos. Por eso, para la
Iglesia y el mundo, Zatti como salesiano coadjutor fue un “religioso hermano” en una
congregación clerical (CIC 588 § 2) y no un laico consagrado.
3. En el fondo, las alusiones constantes a su “no logrado ministerio sacerdotal” son
expresiones que muestran una concepción de la vocación salesiana y del
“componente laical en la comunidad salesiana”, como felizmente decía Don Viganó
(ACS 298, 1980), que dista mucho de la idea de la consagración y de la vocación de
los hermanos en la vida religiosa. También es un síntoma de cierta mentalidad, que
todavía perdura entre nosotros, respecto de la vocación del hermano coadjutor, de su
aporte a la comunidad y a la misión (Const. 45) que no se puso al tanto de la nueva
mentalidad eclesial.
Si un aspecto podríamos tener en cuenta de Artémides Zatti para nuestra Inspectoría
Argentina Norte, entre muchos de los aspectos destacables, es la vivencia de la propia
identidad vocacional salesiana (comunidad, consagración y misión). El vivió en
plenitud su vocación de hermano salesiano, “pariente de todos los pobres”. Por eso,
en la línea de la identidad vocacional, además de plantearse la “visibilidad” (y la
pastoral vocación, la formación, etc.) de la vocación del hermanos coadjutor, sería
también oportuno plantearse la identidad carismática del ministerio ordenado en la
Congregación en el marco del planteo que hace el CG26, nº 55.
No obstante, si Don Zatti se hizo santo, oficialmente “beato” y así es propuesto por la
Iglesia, es porque fue salesiano [hermano] coadjutor y vivió con plenitud la vocación a
la que fue llamado, en el marco de la mentalidad de la época.
Hno. IVAN ARIEL FRESIA SDB

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