
Don Bosco al inicio de su obra y para mantener en el tiempo la atención y servicio de los oratorios, fue convocando a una multiplicidad de personas para formar una sociedad religiosa. En un primer momento su intención fue crear una única congregación con salesianos internos y externos. El criterio de la Iglesia en ese momento fue determinante y Don Bosco ante la negativa decidió fundar dos sociedades una de Salesianos Consagrados internos y otra de externos. La primera sociedad de internos comúnmente llamados salesianos fue iniciada con sus mismos jóvenes del Oratorio. Para algunos la experiencia significaba principalmente vivir con Don Bosco y por él encontrar a Dios. La mayoría de los que se sumaron a su congregación-sociedad fueron años antes, unos chiquillos que jugaban y disfrutaban junto a él. Ya de grandes sentían que no podían elegir otro camino que estar cerca de su padre, no podían abandonarlo. Así nació la Congregación Salesiana: el proyecto consistía en mantener vivo el espíritu del oratorio y continuar la obra de ayudar a la juventud más pobre y abandonada.
Los primeros discípulos de la nueva congregación no son buscados afuera sino en el interior, en el corazón del oratorio. Aquellos muchachitos que habían tenido la experiencia de ser amados por Don Bosco ya estaban dispuestos a seguir transfiriendo todo lo bueno que recibieron de su padre espiritual. Entre los muchos jóvenes que eligieron quedarse con Don Bosco hubo algunos que eligieron ser sacerdotes y otros que quisieron quedarse en el oratorio como hermanos… como compañeros, como amigos. Quisieron ser hermanos salesianos o como Don Bosco los llamó: coadjutores.
El 18 de diciembre de 1859 Don Bosco funda junto a diecisiete clérigos y un sacerdote la Sociedad Salesiana para promover y conservar el espíritu de caridad exigido por la obra de los oratorios para la juventud abandonada y en peligro. Allí mismo se conformó el primer Consejo General que casi dos meses después admitió por primera vez con todos los votos a favor a un salesiano coadjutor, José Rossi de 24 años el día 2 de febrero de 1860. Formado y preparado exclusivamente por Don Bosco en 1869 lo nombra el Consejo Superior: Proveedor General de la Pía Sociedad para asuntos materiales. Su nombre completo era José de Mateo Rossi, oriundo de Mezzanabigli . “El coadjutor José Rossi fue una verdadera creación oratoriana de Don Bosco. Llegó a Valdocco el 29 de octubre de 1859, a pocos días de la fundación de la Congregación. Don Bosco lo preparó como administrador y como tal fue consultor de dos capítulos Generales. Del primero, de Lanzo, en 1877, y del cuarto celebrado en Valsálice en 1886”
Junto a José Rossi convivían otros jóvenes laicos que comenzaban a cuestionarse su inclusión en la Congregación como consagrados para trabajar por el oratorio y con los jóvenes. “La primera vez que en la Sociedad Salesiana fueron emitidos votos religiosos oficiales fue el 14 de mayo de 1862 donde además de clérigos y sacerdotes hubo dos coadjutores representantes de dos grupos de distinta cultura y lugar: el Caballero Federico Oreglia de San Esteban y José Gaia” Este último, José Gaia aparece como si hubiera asistido al primer acto de fundación de la Congregación “en un verbal manuscrito perteneciente a Julio Barberis” . Aunque debemos dar crédito al acta oficial que describe como 19 los miembros fundadores de la Congregación Salesiana aquel domingo 18 de diciembre de 1859 por la noche. De todas maneras se presume que la presencia de José Gaia por lo menos fue cercana en los orígenes del proyecto congregacional de Don Bosco. José Gaia tenía por ese entonces 35 años y fue uno de los fundadores de ese primer grupo de varones que aspiraban consagrarse a Dios con vestimenta civil y trabajar para Don Bosco a sostener ese progresivo oratorio que cada vez crecía más en número, en talleres, en oficios, en escuelas y en la vida espiritual y la catequesis.
La historia de los primeros hermanos coadjutores no empieza sin embargo solo con la afirmación escrita, o las admisiones oficiales. Ya en los primeros tiempos del Oratorio de Valdocco, un nutrido grupo de jóvenes colaboraba con el santo. “Muchos a los que se les había trabajado bastante sin resultado alguno mejoraron notablemente su vida –en el oratorio- . Algunos siguieron la vocación religiosa, otros, como laicos, fueron asiduos en su asistencia al Oratorio. En otra nota a pie de pagina don Bosco menciona algunos nombres: …José Buzzetti” –entre ellos- Tal es así que la presencia de José Buzzetti tiene mas historia que la que acabamos de contar, pues ya se encuentra este vistiendo la sotana en el ´51 a los 20 años pero por motivos de salud, abandonó la carrera clerical aunque continuo al lado de Don Bosco y recién en 1877 formalizó su deseo de quedarse en la congregación profesando a los 45 años como hermano coadjutor. “Buzzetti era el “Cireneo” de la casa, siempre dispuesto a portar la cruz. Cuando Don Bosco no sabía a quien confiar una empresa difícil, entonces pensaba en Buzzetti” Era un preferido de Don Bosco, fue uno de los primeros muchachos del oratorio. Permaneció junto al santo desde diciembre de 1841 hasta su muerte. “En 1852 salvó la vida a Don Bosco. Fue su brazo derecho en mil circunstancias; el primer coadjutor –de hecho- y el testigo fiel de toda la epopeya de Don Bosco”
Además de los hermanos nombrados la presencia de Pedro Enría no debe quedar en segundo plano, otro intimo y predilecto de Don Bosco. Era Pedrito Enría aquel muchachito que tuvo el providencial encuentro con Don Bosco y que Enzo Bianco lo cuenta así: “Don Bosco lo lleva al oratorio de Valdocco (a Pedro) en el 1854, año del cólera, cuando la epidemia lo había dejado huérfano de madre. –Tu quieres venir conmigo? –le dice Don Bosco a Pedro Enría- Seremos siempre amigos, hasta podemos ir juntos al paraíso, estás contento?-“ Con semejante invitación ese adolescente solo y desamparado, junto a su hermanito sentiría la mano de Dios. Grandiosa actitud de Don Bosco, se ganó para siempre el corazón de Pedro que lo acompañó hasta su muerte. Para Pedro Enría atender a Don Bosco en los días de su agonía significó un orgullo y se sentía privilegiado de atender aún en los servicios mas repugnantes a su querido Papá Don Bosco. Luego de la muerte del santo, la vida de Pedro ya no fue la misma, vivió como en un continuo luto y se reencontró con Don Bosco en el Paraíso el 21 de junio de 1897 con 57 años de edad.
Otro Hermano coadjutor de los inicios fue Andrés Pelazza, original de Carmagnola que fue admitido por el Capítulo Superior en la Sociedad Salesiana el 8 de mayo de 1863. Este coadjutor fue formado enteramente por Don Bosco, hombre de confianza, trabajador, talentoso y de un carácter dulce digno de un salesiano. Fue encargado de la tipografía durante 36 años y su santa paciencia para esta empresa difícil y ardua lo rodeo de amigos y beneficios para el Oratorio.
En Pedro, J. Rossi, J. Buzzetti, Gaia, Pelazza y otros tantos se vislumbraba la “presencia de auténticos colaboradores de Don Bosco en la máxima expresión del término: asistencia a los jóvenes, presencia educativa, trabajo material, dirección y responsabilidad vastísima en el campo de la dirección de talleres y de la actividad económica, administración, catequesis en el oratorio festivo, maestros de matemáticas y técnica, trabajos varios, enfermería y sacristía”
Don Bosco en la práctica no pensó en una congregación clerical. Su mentalidad era unir fuerzas en bien de los jóvenes. Así pensó un lugar para cada uno. Los salesianos internos y los externos fueron su magistral idea que no siendo aceptada tuvo que separar en Salesianos consagrados y Cooperadores salesianos. Entre los consagrados ya existían de manera incipiente varias vocaciones de hermanos coadjutores. Nombramos algunos que figuran en la documentación, pero el salesiano de traje civil en medio de los jóvenes era un ideal de Don Bosco que se concretó en la definida figura del Hermano coadjutor. Hubiera sido excelente la audacia de los religiosos de estar “en mangas de camisa” entre los muchachos pero la situación eclesial y la reglamentación para los clérigos no hizo posible este deseo de Don Bosco. Pero este modo de estar en lugares poco frecuentes para los religiosos se hizo realidad en la presencia de sublimes coadjutores. En esta vocación, Don Bosco puso gran parte de su corazón y plenamente su visión adelantada a los tiempos.
El clima anticlerical que reinaba en Turín y en gran parte de Italia en ese momento histórico (segunda mitad del siglo XIX) hacía también necesaria la presencia de hombres, ciudadanos, libres y trabajadores que de gran confianza para Don Bosco por ser sus religiosos, estén presentes en sus mas temerarias empresas. Las responsabilidades que cumplieron los hermanos en los inicios de la congregación fueron para Don Bosco un alivio a sus preocupaciones. Sabía el santo que contaba entre sus filas a un grupo de religiosos capacitados para el trabajo, la administración, la educación, la catequesis y todo nuevo emprendimiento que requiera su participación. Así Don Bosco respondió junto a sus salesianos al programa integral de la obra del oratorio a favor de los jóvenes más pobres.
Creo que el Papa Pío IX había intuido con un lucido conocimiento de los tiempos que corrían, cual era el modelo de religioso que la Iglesia necesitaba. En esa intuición la figura e identidad del hermano Coadjutor cabía con total prestancia. Las siguientes fueron las pautas dadas por Pio IX a Don Bosco en 1858 para la fundación de la congregación: “Debía pensarse en un instituto de votos simples que diera estabilidad a las relaciones entre socios y superiores; en un modo de vestir y de rezar que no diferenciase a sus miembros de la gente de su medio social; en unas Reglas sencillas y de fácil observancia; en estudiar la manera que permitiera a cada miembro ser un verdadero religioso ante la Iglesia y un libre ciudadano en la sociedad civil. Por todo esto, sería mejor llamarla Sociedad y no orden o congregación religiosa” Estas reglas que están en los albores de nuestra Congregación delinean el estilo de religioso que de manera natural describen al hermano coadjutor.
Para esos muchachos del Oratorio de Don Bosco en 1850 en adelante, el modelo clerical no representaba muchas veces un estilo de vida a asumir, no estaba dentro de sus aspiraciones ser sacerdote. Eran campesinos y muchos de ellos querían quedarse con Don Bosco, pero no vistiendo sotana sino atraídos por la presencia edificante de esos hombres religiosos, jefes de taller, ocupados en responsabilidades importantes, estudiantes de universidad, profesores, catequistas y sobre todo cercanos a ellos. Era muy atrayente ese religioso de overol o de traje civil. El hermano coadjutor era un jefe, un superior, un encargado de las más delicadas empresas de Don Bosco pero a la vez era un hombre humilde, agradable y cercano. Ese pequeño ejercito de Don Bosco, tomado de su propio oratorio de pobres y campesinos, que luego fue responsable, industrioso y capacitado para el nuevo mundo eran sus coadjutores, su primera semblanza completa de un religioso entregado para el bien de los jóvenes. Ese era el nuevo perfil de una congregación religiosa, escándalo para algunos, visionaria para otros. Es así como para algunas miradas maliciosas, la idea de Don Bosco de fundar una congregación no tenía asidero. “Había representantes del clero y del episcopado que dudaban de la validez del “reclutamiento vocacional” de entre la gente de origen popular y agrario. Les parecía que sus costumbres no iban a cambiar y que su natural rudeza iba en desprestigio del clero” La idea de Don Bosco era la del consagrado sin “habito”, sin muchos honores, que esté en medio de los muchachos, en “mangas de camisa”. Ser en realidad esos religiosos que vivan en el mundo sin ser del mundo.
Esa nueva identidad religiosa se sumaba a la trascendente fila de salesianos sacerdotes de prolija formación, cultivados en las ciencias teológicas y humanas y sedientos de pastoreo entre los jóvenes. El hermano Coadjutor se asocia de esta manera en la empresa de Don Bosco y junto a los sacerdotes componen un nuevo estilo de Congregación a favor de los jóvenes mas necesitados. El salesiano coadjutor es entonces “un asociado a la Congregación Salesiana como miembro efectivo, significativo y particular por su laicidad, que integra el carisma en la única vocación salesiana con sus hermanos sacerdotes, para trabajar con el espíritu de Don Bosco en la educación, la instrucción y la formación de los jóvenes, especialmente los mas pobres y abandonados”
El nacimiento de la identidad del hermano Coadjutor tiene su origen en el oratorio de Don Bosco. No se puede de ninguna manera desvincular los orígenes de la identidad del coadjutor de la vida cotidiana del Oratorio, de la experiencia integral de Valdocco. En la actualidad no se puede pensar un Salesiano Coadjutor ajeno, desligado del oratorio, entendido en sentido amplio. La vida del Oratorio y la cercanía a los jóvenes es lo que nutre esta vocación. Poblada la vida de espiritualidad y de relación continua con el Señor Jesús es indispensable compartir y saborear junto a los jóvenes la sobrenatural relación que se da en el patio junto a los destinatarios prioritarios de la misión que Dios encomendó a Don Bosco y que hoy sigue viva.
Aunque siempre uno puede quedar con la sensación de que la enumeración de características pueden ser insuficientes sin embargo una pequeña lista puede apuntar el inicio de muchas otras descripciones. Según Guido Favini las características de la vocación del Salesiano Coadjutor pueden resumirse de la siguiente manera:1) El salesiano coadjutor es un religioso…que vive ejemplarmente el empeño de la profesión religiosa salesiana. Transparenta la virtud propia de su vocación en leal coherencia a las Constituciones salesianas con fervor espiritual. 2) El salesiano coadjutor es un trabajador que se consagra a la misión de la redención y santificación del trabajo según la Doctrina Social de la Iglesia Católica y con el espíritu de San Juan Bosco.3) El salesiano coadjutor es en las variadas misiones que pueda encarar dentro de la comunidad: administrativas, económicas; es el hombre de confianza y fidelidad de la casa salesiana. 4) El salesiano coadjutor en cualquier función, en cualquier profesión u oficio es siempre apóstol con la pasión por la gloria de Dios y la salvación de los jóvenes, según la consigna: “Da mihi animas coetera tolle”.
El modelo del salesiano coadjutor como trastienda de la vida oratoriana, como secundario en todas las actividades, como ayudante o alternativo en la vida pastoral hoy ya no tiene cabida ni espacio. No se concibe una vocación de hermano coadjutor que supone un misterio a develar. La presencia salesiana es activa y no escondida. Es estimulante y no de incógnita. Es de contacto y no de subsuelo. El salesiano coadjutor hoy es protagonista del oratorio, no esconde la riqueza de su vocación con falsas humildades que esconden resentimientos y fracasos. La riqueza de esta vocación existe para ser vista, para mostrarla…(Mt. 5, 14-16) La vida de muchos coadjutores devela la fuerza irradiante del hecho histórico fundacional y su revelación posibilita entender mas a Don Bosco y el alcance magnifico de la obra de Dios a través de la Congregación salesiana.
La herencia de la riqueza vocacional tiene 150 años y no se limita a una forma de hacer o a un ámbito. Las múltiples posibilidades que ofrece vocación del salesiano coadjutor no se limitan a un patrón de conducta o a una especialidad sino que está abierta a todas las dimensiones humanas que de salesiano con votos pero ciudadano libre, un religioso para la Iglesia y un hombre poseedor de derechos y obligaciones para la sociedad civil. La versatilidad de los muchos ejemplos de salesianos coadjutores a lo largo de la historia de la Congregación pinta un panorama maravilloso, una propuesta de vida para los jóvenes, un camino para seguir haciendo realidad la pasión de Don Bosco: salvar a la juventud pobre y en peligro.
Hno. German Diaz
germansdb@hotmail.com
26-06-09
Es un artículo sumamente ilustrativo.¡Gracias por escriibirlo!
ResponderEliminar¿Cuando se elebra el Día del Coadjutor?
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